sábado, 24 de agosto de 2013
¿Joder o no joder? esa es la cuestión.
Desde hace algún tiempo, ante cualquier situación de pareja que corre el riesgo de volverse un "problema", me hago la siguiente pregunta: ¿joder o no joder?
Se nos enseña a ser malas parejas desde pequeños. Los medios y la sociedad nos han vendido desde siempre una idea muy bizarra y, en mi opinión, equivocada de lo que debemos esperar, dar y recibir en una relación. Crecemos con la idea de que las relaciones deben llevarse a cabo en un contexto de "normas" y exigencias ridículas que finalmente lo único que logran es hacernos sentir mal y llevarnos a lastimar a los demás, en este caso, a nuestras parejas.
Ante cualquier situación que me incomoda, pienso: ¿qué es realmente lo que me causa este malestar? ¿acaso mi pareja hizo algo que amerite este disgusto? ¿realmente se equivocó y me lastimó? o ¿será más bien que aunque lo que hace no está mal hecho, ni merece culpa alguna, yo en medio de mi egoísmo, mi deseo de posesión y mis femeninos caprichos quiero hacerlo ver como una ofensa sencillamente para convencerlo de que deje de hacer lo que sea que esté haciendo solo porque a mí no me gusta que lo haga? Es de pensar.
Defendemos a capa y espada nuestra libertad, nuestro derecho de ser y hacer lo que nos venga en gana pero caemos fácilmente en la tentación de entrometernos en la libertad de los demás, especialmente en la libertad de nuestra pareja. Es caso perdido y gran error exigir, poner condiciones, chantajear y amenazar.
No es fácil dejar de ser caprichosos, posesivos, celosos. No lo es. Pero creo que en pos de tener una buena vida en pareja y de tener una relación donde realmente no se castre a ninguno de sus integrantes y ambos puedan ser y desarrollarse individualmente dentro de esa unión, hay que evitar armar tormentas en vasos de agua y aprender a ser más tolerantes y más abiertos. Hay que hacer un esfuercito consciente por NO JODER.
D
24/08/13
jueves, 13 de junio de 2013
Viajamor
Qué bonito es encontrarse en otros, en otros de tu misma especie sobre todo, de tu misma manada.
Reconocer en las vivencias ajenas, las propias. Viajar por palabras que crean paisajes conocidos, que recrean amores y relaciones al parecer universales. Vivimos lo mismo pero dentro de nuestra pequeña particularidad. Cambian los detalles, los lugares, los nombres, pero la esencia es igual y lo intuyes inmediatamente. Al empezar a leer, al comenzar a explorar la vida ajena que de forma tan generosa y sincera se abre ante tus ojos, te das cuenta que la vida es hermosa y que hay tantas formas de contarla y de sufrirla y de vivirla. Te emocionas, te cuestionas. Es bonito. Muy
Me acuesto pensando en una mujer que no conozco pero que a partir de esta noche se siente como amiga, como compañera de historias y de modos.
Comparto este blog que disfruté increíblemente.
http://viajamor.wordpress.com/page/1/
Reconocer en las vivencias ajenas, las propias. Viajar por palabras que crean paisajes conocidos, que recrean amores y relaciones al parecer universales. Vivimos lo mismo pero dentro de nuestra pequeña particularidad. Cambian los detalles, los lugares, los nombres, pero la esencia es igual y lo intuyes inmediatamente. Al empezar a leer, al comenzar a explorar la vida ajena que de forma tan generosa y sincera se abre ante tus ojos, te das cuenta que la vida es hermosa y que hay tantas formas de contarla y de sufrirla y de vivirla. Te emocionas, te cuestionas. Es bonito. Muy
Me acuesto pensando en una mujer que no conozco pero que a partir de esta noche se siente como amiga, como compañera de historias y de modos.
Comparto este blog que disfruté increíblemente.
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lunes, 3 de junio de 2013
No reclamo
Deja ya de repetir eso.
Yo no entiendo tu situación y vos no entiendes mi tristeza. No tenemos que entender todo.
A decir verdad es poco lo que creemos saber del otro y realmente mínimo lo que sabemos con certeza.
Qué más da. Vos decidiste mantenernos en la superficie y allí es limitado lo que se ve, lo que se alcanza.
Tienes tu balanza y en ella pesan como rocas las cosas que para mí son livianas.
Sana que sana. No nos vemos hoy pero nos vemos mañana o después.
Cuando vuelvan a coincidir las ganas y las sonrisas, nos encontramos.
Quizá sea porque aún no has perdido nada ni a nadie importante en tu vida que no has aprendido a valorar más el instante.
Lo valioso no da espera ni excusa. Ahora está, más tarde no.
Pero eso seguramente lo entenderás a tu modo y a tu ritmo.
Ve....ve y chapalea un rato en tus banales preocupaciones que yo aprovecho, tomo aire y me sumerjo.
Falta que me hace.
D
3/6/13
Yo no entiendo tu situación y vos no entiendes mi tristeza. No tenemos que entender todo.
A decir verdad es poco lo que creemos saber del otro y realmente mínimo lo que sabemos con certeza.
Qué más da. Vos decidiste mantenernos en la superficie y allí es limitado lo que se ve, lo que se alcanza.
Tienes tu balanza y en ella pesan como rocas las cosas que para mí son livianas.
Sana que sana. No nos vemos hoy pero nos vemos mañana o después.
Cuando vuelvan a coincidir las ganas y las sonrisas, nos encontramos.
Quizá sea porque aún no has perdido nada ni a nadie importante en tu vida que no has aprendido a valorar más el instante.
Lo valioso no da espera ni excusa. Ahora está, más tarde no.
Pero eso seguramente lo entenderás a tu modo y a tu ritmo.
Ve....ve y chapalea un rato en tus banales preocupaciones que yo aprovecho, tomo aire y me sumerjo.
Falta que me hace.
D
3/6/13
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jueves, 30 de mayo de 2013
Mal educada
Desde hace mucho tiempo vengo pensando en todas las falencias del sistema educativo en mi país (me imagino que en los demás países también habrán problemas varios al respecto pero yo hablo del que conozco).
Está mal la manera como nos enseñan, como nos educan. Están mal los métodos, los contenidos, las evaluaciones, los docentes. Hay mucha tela por cortar en cuanto al tema educativo pero hoy quiero mencionar brevemente 2 situaciones en particular que me molestan sobremanera:
1. Los malos profesores.
La docencia es una profesión hermosa, mágica. Tener la oportunidad y la capacidad de transmitir conocimiento, de abrir los ojos, de enseñar algo nuevo o complementar o cambiar ideas ya formadas tiene que ser una experiencia única y maravillosa. Desafortunadamente no todos los docentes se toman su trabajo muy en serio ni todos son concientes de la importancia de su rol.
En la universdidad me he encontrado con maestros excelentes. Personas que con su ejemplo dentro y fuera de clase me han sorprendido y me han hecho reflexionar y ser mejor estudiante y mejor persona. Profesores que deslumbran, que entretienen, que logran volver a despertar esa curiosidad infantil tan necesaria y tan olvidada en la educación superior. Docentes que te hacen madrugar con gusto y asistir con ganas a clases de las que sales satisfecho, cuestionado, feliz. Sí, los he encontrado y gracias al cielo aún existen, aunque son pocos, porque sin ellos el proceso educativo sería realmente insoportable.
Pero también a menudo me cruzo con seres mezquinos, amargados, hostiles y, en especial, malos pedagogos. Ahh...qué desagradable es abrir los ojos a las 5....5: 30 de la mañana y saber que debo abandonar el nido para ir a verle la cara de sapo envenenado a algún desdichado individuo que no disfruta su trabajo ni lo hace bien. Tener que escuchar horas y horas de una retahila memorizada que lleva años sin ser modificada, sin que cambie un punto, una coma. Diapositivas aburridas, desactualizadas, sin un dibujo o un esquema, sin una pizca de emoción. Para ensombrecer un poco más el panorama, son este tipo de docentes los que resultan con un "quiz sorpresa" o ni tan sopresa pero que resulta ser más una herramienta terrorista para atemorizar y frustar sus estudiantes que un método evaluativo.
No entiendo porque existen tantos malos maestros en las universidades. Debería existir un mejor filtro. Si a los estudiantes se nos exige a los maestros se les debería exigir por igual, incluso más. No es sólo cuestión de saber mucho porque puede tener 3 doctorados en su área y otra infinidad de títulos académicos pero si no sabe cómo llamar la atención del estudiante, cómo cautivarlo y transmitirle realmente el conocimiento, no está en nada. Tristeza y frustración me produce el encuentro con dichos personajes. Siento que pierdo mi tiempo cada que debo asistir a una materia mal dada y lo peor del caso es que uno..o al menos yo... tiendo muchas veces a juzgar la materia entera por culpa de un mal docente. Le cojo pereza y generalmente olvido casi todo lo supuestamente aprendido al poco tiempo de acabarla. Mal.
2. Las evaluaciones.
Todas en general. Quices, talleres, exámenes y sobre todo, parciales finales.
Hablaré desde mi pequeña experiencia, desde "mi área". Estudio medicina y en estos últimos semestres de la carrera la mayoría de las materias que curso, duran un mes. En ese mes debo absorber gran gran cantidad de datos teórico-prácticos y de conocimiento que luego me evaluarán con un examen generalmente escrito y, la mayor parte de los casos, acumulativo. Es decir, todos los temas vistos en un mes (¡y a veces son bastantes!), embutidos en un solo examen de 5 a 30 preguntas (abiertas o cerradas dependiendo del profesor). A la semana previa a dicho examen final, se la conoce en mi universidad como "semana de final de rotación" y es una verdadera pesadilla. Se ve de todo, como en todas partes, desde el estudiante que todo le vale huevo y no toca un libro ni un cuaderno en toda la semana y que desafortundadamente termina muchas veces aprobando mágicamente la materia....hasta la estudiante (generalmente son mujeres) súper aplicada que no descansa un minuto, trasnocha varios días seguidos, se ve ojerosa, agotada y que llega el día del parcial con el semblante propio de un enfermo terminal. Tenaz.
Yo considero que estoy en el medio, intento cogerla suave pero siempre estudio y mal que bien tantos años de amor por la lectura me han dado una pequeña ventaja y es la comprensión rápida de lectura. No necesito matarme mucho para entender ni memorizar pero aún así esa última semana es desagradable.
Se ven caras tristes, cansadas, preocupadas. Las cuentas van y vienen....cuánto me falta para pasar...qué pasa si pierdo el examen, no he empezado a estudiar, no voy ni en la mitad, voy a volver a perder la materia... mehhh Deja de importar si realmente entendí, aprendí y sólo importa si pasé (aprobé) ¡No debería ser así! El último día de una materia debería ser motivo de alegría, debería ser un evento esperado, anhelado. Descubrir a conciencia si uno aprendió o no lo que debería haber aprendido durante ese tiempo. No deberían existir esos terribles parciales finales. El método evaluativo debería ser una charla, un juego, un ejercicio práctico lo más ameno posible. ¿Cuánta gente muy inteligente y buenos estudiantes no terminan cagándola en los exámenes? Se llenan de nervios o simplemente de mala suerte y sacan unas pésimas notas que nada reflejan el resto de su proceso ni su conocimiento real de los temas estudiados. Conozco varios casos.
No sé, me parece, como dije al principio, que está mal planteado casi todo en la educación.
A mí me gusta enseñar...hasta ahora sólo lo he hehco a pequeña escala...con mis hermanos, con compañeros de la U, con amigos...pero algún día creo que me gustaría ejercer un tiempo como docente y espero recordar todo lo que hoy en día me molesta para no caer en la cómoda trampa de repetir los errores.
Y bueh...como para no terminar tan en seco (como suele pasar) dejo el link de un documental que me gustó y que planeta otro tipo de sistemas educativos que me parecen mucho más enriquecedores y de los que me gustaría hacer parte alguna vez.
http://gnula.biz/la-educacion-prohibida.html
Está mal la manera como nos enseñan, como nos educan. Están mal los métodos, los contenidos, las evaluaciones, los docentes. Hay mucha tela por cortar en cuanto al tema educativo pero hoy quiero mencionar brevemente 2 situaciones en particular que me molestan sobremanera:
1. Los malos profesores.
La docencia es una profesión hermosa, mágica. Tener la oportunidad y la capacidad de transmitir conocimiento, de abrir los ojos, de enseñar algo nuevo o complementar o cambiar ideas ya formadas tiene que ser una experiencia única y maravillosa. Desafortunadamente no todos los docentes se toman su trabajo muy en serio ni todos son concientes de la importancia de su rol.
En la universdidad me he encontrado con maestros excelentes. Personas que con su ejemplo dentro y fuera de clase me han sorprendido y me han hecho reflexionar y ser mejor estudiante y mejor persona. Profesores que deslumbran, que entretienen, que logran volver a despertar esa curiosidad infantil tan necesaria y tan olvidada en la educación superior. Docentes que te hacen madrugar con gusto y asistir con ganas a clases de las que sales satisfecho, cuestionado, feliz. Sí, los he encontrado y gracias al cielo aún existen, aunque son pocos, porque sin ellos el proceso educativo sería realmente insoportable.
Pero también a menudo me cruzo con seres mezquinos, amargados, hostiles y, en especial, malos pedagogos. Ahh...qué desagradable es abrir los ojos a las 5....5: 30 de la mañana y saber que debo abandonar el nido para ir a verle la cara de sapo envenenado a algún desdichado individuo que no disfruta su trabajo ni lo hace bien. Tener que escuchar horas y horas de una retahila memorizada que lleva años sin ser modificada, sin que cambie un punto, una coma. Diapositivas aburridas, desactualizadas, sin un dibujo o un esquema, sin una pizca de emoción. Para ensombrecer un poco más el panorama, son este tipo de docentes los que resultan con un "quiz sorpresa" o ni tan sopresa pero que resulta ser más una herramienta terrorista para atemorizar y frustar sus estudiantes que un método evaluativo.
No entiendo porque existen tantos malos maestros en las universidades. Debería existir un mejor filtro. Si a los estudiantes se nos exige a los maestros se les debería exigir por igual, incluso más. No es sólo cuestión de saber mucho porque puede tener 3 doctorados en su área y otra infinidad de títulos académicos pero si no sabe cómo llamar la atención del estudiante, cómo cautivarlo y transmitirle realmente el conocimiento, no está en nada. Tristeza y frustración me produce el encuentro con dichos personajes. Siento que pierdo mi tiempo cada que debo asistir a una materia mal dada y lo peor del caso es que uno..o al menos yo... tiendo muchas veces a juzgar la materia entera por culpa de un mal docente. Le cojo pereza y generalmente olvido casi todo lo supuestamente aprendido al poco tiempo de acabarla. Mal.
2. Las evaluaciones.
Todas en general. Quices, talleres, exámenes y sobre todo, parciales finales.
Hablaré desde mi pequeña experiencia, desde "mi área". Estudio medicina y en estos últimos semestres de la carrera la mayoría de las materias que curso, duran un mes. En ese mes debo absorber gran gran cantidad de datos teórico-prácticos y de conocimiento que luego me evaluarán con un examen generalmente escrito y, la mayor parte de los casos, acumulativo. Es decir, todos los temas vistos en un mes (¡y a veces son bastantes!), embutidos en un solo examen de 5 a 30 preguntas (abiertas o cerradas dependiendo del profesor). A la semana previa a dicho examen final, se la conoce en mi universidad como "semana de final de rotación" y es una verdadera pesadilla. Se ve de todo, como en todas partes, desde el estudiante que todo le vale huevo y no toca un libro ni un cuaderno en toda la semana y que desafortundadamente termina muchas veces aprobando mágicamente la materia....hasta la estudiante (generalmente son mujeres) súper aplicada que no descansa un minuto, trasnocha varios días seguidos, se ve ojerosa, agotada y que llega el día del parcial con el semblante propio de un enfermo terminal. Tenaz.
Yo considero que estoy en el medio, intento cogerla suave pero siempre estudio y mal que bien tantos años de amor por la lectura me han dado una pequeña ventaja y es la comprensión rápida de lectura. No necesito matarme mucho para entender ni memorizar pero aún así esa última semana es desagradable.
Se ven caras tristes, cansadas, preocupadas. Las cuentas van y vienen....cuánto me falta para pasar...qué pasa si pierdo el examen, no he empezado a estudiar, no voy ni en la mitad, voy a volver a perder la materia... mehhh Deja de importar si realmente entendí, aprendí y sólo importa si pasé (aprobé) ¡No debería ser así! El último día de una materia debería ser motivo de alegría, debería ser un evento esperado, anhelado. Descubrir a conciencia si uno aprendió o no lo que debería haber aprendido durante ese tiempo. No deberían existir esos terribles parciales finales. El método evaluativo debería ser una charla, un juego, un ejercicio práctico lo más ameno posible. ¿Cuánta gente muy inteligente y buenos estudiantes no terminan cagándola en los exámenes? Se llenan de nervios o simplemente de mala suerte y sacan unas pésimas notas que nada reflejan el resto de su proceso ni su conocimiento real de los temas estudiados. Conozco varios casos.
No sé, me parece, como dije al principio, que está mal planteado casi todo en la educación.
A mí me gusta enseñar...hasta ahora sólo lo he hehco a pequeña escala...con mis hermanos, con compañeros de la U, con amigos...pero algún día creo que me gustaría ejercer un tiempo como docente y espero recordar todo lo que hoy en día me molesta para no caer en la cómoda trampa de repetir los errores.
Y bueh...como para no terminar tan en seco (como suele pasar) dejo el link de un documental que me gustó y que planeta otro tipo de sistemas educativos que me parecen mucho más enriquecedores y de los que me gustaría hacer parte alguna vez.
http://gnula.biz/la-educacion-prohibida.html
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martes, 5 de febrero de 2013
¡A pasear!
¿Tiene usted perro en su casa? ¿Sí? Apuesto que lo quiere con locura, casi como a un hijo…o un hermanito. Hace parte importante de su familia y vela porque no le falten cuidados pero…
¿cuándo fue la última vez que lo sacó a pasear? ¿Ayer? ¿Hace una semana? ¿Hace un mes? ¿Más?Casa por cárcel es básicamente la situación de cientos de mascotas.
Piense por un momento cuántas veces salen ud y sus familiares de su casa en un día. Muchas, seguramente. Piense ahora ¿cuántas veces sale su perro? Su adorada mascota es como un pequeño prisionero que debe esperar pacientemente a que ud decida sacarlo a dar un paseo. No conozco ser vivo que se emocione más con la idea de salir a la calle que un perro. El mío, al menos, entra en un frenesí y en un ataque de euforia que parece que en cualquier momento fuera a explotar de alegría. Salta, ladra, corre, se revuelca, me acosa….no le falta sino hablar.
Excusas es lo que hay para no sacarlos. Que hace frío, que estoy cansada, que tengo cosas que hacer, que me da pereza, que más tarde, que mañana. Póngase por un instante en las patas de su perro e imagine que su libertad y su momento más preciado del día dependen de la voluntad de otro, de otro que dice quererlo mucho pero que siempre encuentra un “pero” para no brindarle ese momento de absoluta felicidad.
Una vez afuera, disfrute con su mascota del paseo. No lo arrastre de la correa, no le grite. Téngale paciencia, déjelo orinar en cada poste, en cada arbusto, en cada cosa que él desee. Permítale saludar a otros perros, olfatear cuanta cosa se encuentra en el camino ¡tienen el mundo en la nariz!
Eso sí, preste mucha atención a posibles desperdicios que pueda comer y hacerle daño, especialmente a comida en descomposición que suele haber tirada en la calle y que además de descompuesta podría estar envenenada. Y recuerde recoger sus excrementos, cuestión cívica básica. Es importantísimo también ponerle una identificación a su mascota pues no hay nada más desolador que un perro perdido.
Las mascotas no son un adorno, son seres vivos que al ser domesticados dependen totalmente de nosotros para satisfacer sus necesidades y una de ellas es salir. Necesitan hacer ejercicio, interactuar con otros perros, cambiar de ambiente, hacer lo que les dé la gana al menos por un rato. No les niegue esa oportunidad. Si decidió tener mascotas, asuma la responsabilidad completa y empéñese en darles una vida feliz que compense al menos en una mínima parte todas las alegrías que nos brindan día a día. No los encierre, no los amarre, no los maltrate.
¿Quiere a su perro? Demuéstrelo. ¿No quiere o no puede cuidarlo como es debido? Búsquele un mejor hogar. Los animales son maravillosos, no los castiguemos con nuestra indiferencia y nuestro egoísmo. No son objetos. Tome conciencia y ¡a pasear!
lunes, 28 de enero de 2013
Fábulas
Un querido amigo me regaló un libro de fábulas en mi cumpleaños. Me gustó mucho. Comparto algunas:
El mono piensa en ese tema
¿Por qué será tan atractivo -pensaba el Mono en otra ocasión, cuando le dio por la literatura- y al mismo tiempo como tan sin gracia ese tema del escritor que no escribe, o el del que se pasa la vida preparándose para producir una obra maestra y poco a poco va convirtiéndose en mero lector mecánico de libros cada vez más importantes pero que en realidad no le interesan, o el socorrido (el más universal) del que cuando ha perfeccionado un estilo se encuentra con que no tiene nada que decir, o el del que entre más inteligente es, menos escribe, en tanto que a su alrededor otros quizá no tan inteligentes como él y a quienes él conoce y desprecia un poco publican obras que todo el mundo comenta y que en efecto a veces son hasta buenas, o el del que en alguna forma ha logrado fama de inteligente y se tortura pensando que sus amigos esperan de él que escriba algo, y lo hace, con el único resultado de que sus amigos empiezan a sospechar de su inteligencia y de vez en cuando se suicida, o el del tonto que se cree inteligente y escribe cosas tan inteligentes que los inteligentes se admiran, o el del que ni es inteligente ni tonto ni escribe ni nadie conoce ni existe ni nada?La mosca que soñaba que era águila
Había una vez una Mosca que todas las noches soñaba que era un Águila y que se encontraba volando por los Alpes y por los Andes.
En los primeros momentos esto la volvía loca de felicidad; pero pasado un tiempo le causaba una sensación de angustia, pues hallaba las alas demasiado grandes, el cuerpo demasiado pesado, el pico demasiado duro y las garras demasiado fuertes; bueno, que todo ese gran aparato le impedía posarse a gusto sobre los ricos pasteles o sobre las inmundicias humanas, así como sufrir a conciencia dándose topes contra los vidrios de su cuarto.
En realidad no quería andar en las grandes alturas o en los espacios libres, ni mucho menos.
Pero cuando volvía en sí lamentaba con toda el alma no ser un Águila para remontar montañas, y se sentía tristísima de ser una Mosca, y por eso volaba tanto, y estaba tan inquieta, y daba tantas vueltas, hasta que lentamente, por la noche, volvía a poner las sienes en la almohada.
La fe y las montañas
Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.
La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio. Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de fe.Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.
El espejo que no podía dormir
Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.
La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio. Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de fe.
El rayo que cayó 2 veces en el mismo sitio
Hubo una vez un Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; pero encontró que ya la primera había hecho suficiente daño, que ya no era necesario, y se deprimió mucho.
La rana que quería ser una rana auténtica
Había una vez una rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.
Había una vez una rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.
Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.
Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.
Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.
Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.
Monólogo del bien
"La cosas no son tan simples", pensaba aquella tarde el Bien, "como creen
algunos niños y la mayoría de los adultos."
"Todos saben que en ciertas ocasiones yo me oculto detrás del del Mal,
como cuando te enfermas y no puedes tomar un avión y el avión se cae y no
se salva ni Dios; y que a veces, por lo contrario, el Mal se esconde detrás
de mí, como aquel día en que el hipócrita Abel se hizo matar por su hermano
Caín para que éste quedara mal con todo el mundo y no pudiera reponerse
jamás."
"La cosas no son tan simples".
Caballo imaginando a Dios
"A pesar de lo que digan, la idea de un cielo habitado por Caballos y presidido por un Dios con figura equina repugna al buen gusto y a la lógica más elemental, razonaba los otros días el caballo.Todo el mundo sabe -continuaba en su razonamiento- que si los Caballos fuéramos capaces de imaginar a Dios lo imaginaríamos en forma de Jinete."
El burro y la flauta
Tirada en el campo estaba desde hacía tiempo una Flauta que ya nadie tocaba, hasta que un día un Burro que paseaba por ahí resopló fuerte sobre ella haciéndola producir el sonido más dulce de su vida, es decir, de la vida del Burro y de la Flauta.
Incapaces de comprender lo que había pasado, pues la racionalidad no era su fuerte y ambos creían en la racionalidad, se separaron presurosos, avergonzados de lo mejor que el uno y el otro habían hecho durante su triste existencia.
"A pesar de lo que digan, la idea de un cielo habitado por Caballos y presidido por un Dios con figura equina repugna al buen gusto y a la lógica más elemental, razonaba los otros días el caballo.Todo el mundo sabe -continuaba en su razonamiento- que si los Caballos fuéramos capaces de imaginar a Dios lo imaginaríamos en forma de Jinete."
El burro y la flauta
Tirada en el campo estaba desde hacía tiempo una Flauta que ya nadie tocaba, hasta que un día un Burro que paseaba por ahí resopló fuerte sobre ella haciéndola producir el sonido más dulce de su vida, es decir, de la vida del Burro y de la Flauta.
Incapaces de comprender lo que había pasado, pues la racionalidad no era su fuerte y ambos creían en la racionalidad, se separaron presurosos, avergonzados de lo mejor que el uno y el otro habían hecho durante su triste existencia.
El paraíso imperfecto
- Es cierto -dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno-; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve.
El zorro es más sabio
Un día que el Zorro estaba aburrido y hasta cierto
punto melancólico y sin dinero, decidió convertirse
en escritor, cosa a la cual se dedicó inmediatamente,
pues rechazaba ese tipo de personas que dicen voy
hacer esto o lo otro y nunca lo hacen. Su primer libro
resultó muy bueno, un éxito; todo el mundo lo aplaudió,
y pronto fue traducido a los más diversos idiomas.
El segundo fue todavía mejor que el primero. Varios
profesores norteamericanos, de lo más granado del mundo
académico de aquellos remotos días, lo comentaron con
mucho fervor y aun escribieron libros sobre los libros
que hablaban de los libros del Zorro. Desde ese momento
el Zorro se dio con razón por satisfecho, y pasaron los
años y no publicaba otra cosa. Pero los demás escritores
empezaron a murmurar y a repetir “¿Qué pasa con
el Zorro?”, y cuando lo encontraban en los cócteles,
puntualmente se le acercaban a decirle:
—Tiene usted que publicar más.
—Pero si ya he publicado dos libros —respondía él con
cansancio.
—Y muy buenos —le contestaban—; por eso mismo
tiene usted que publicar otro.
El Zorro no lo decía, pero lo pensaba: “En realidad lo
que éstos quieren es que yo publique un libro malo; pero
como soy el Zorro, no lo voy hacer”. Y no lo hizo.
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Augusto Monterroso,
fábulas,
Urrea
sábado, 19 de enero de 2013
Es
Es ese no saber si por "despecho", por costumbre, por presión social o realmente por genuino/a cariño, pasión, compromiso. Ese ese no saber porque yo he estado ahí y no voy a juzgarte, no quiero hacerlo. Es ese no saber porque con qué derecho voy a reclamar cuando yo he sentido lo que he sentido bajo esas manos y bajo esas otras y bajo aquellas. Es ese cada uno debe hacer lo que mejor le parezca con su todo. Es ese devenir montañorrusezco entre el punto de ebullición y el de congelación. Es esa temperatura ambiente tan cómoda, tan poco peligrosa, tan estable. Es ese no saber y simplemente tratar de disfrutar, de aprender, de dar y recibir. Es aprender a recibir dando pues es la forma menos dolorosa y menos dependiente.
Es escribir para mí y para nadie. Y para ti, que nunca me lees. Es volverme un poco más cuidadosa...egoísta quizá...y no saber si es esto madurez emocional o una gran cagada.
Es escribir para mí y para nadie. Y para ti, que nunca me lees. Es volverme un poco más cuidadosa...egoísta quizá...y no saber si es esto madurez emocional o una gran cagada.
jueves, 10 de enero de 2013
No nací
Tamborileo sobre mi teclado, que por cierto está medio sucio, sin saber exactamente qué teclas hundir...qué escribir. Varias ideas fugaces se pasean por mi cabeza, varios asuntos pendientes compiten perezosamente por la prioridad de ser plasmados....pero no sé qué pasa últimamente que me dan pocas (por no decir nada de) ganas de escribir....Algo de pesar me da porque sé que escribir es importante, porque sé que hasta cierto punto es necesario, que hace bien....pero no es gran tragedia tampoco porque como se dice vulgarmente "yo no nací para eso".....(como crees haber nacido tú y y por eso sufres tanto)....pensándolo un poco...yo no siento "haber nacido" para nada específico. Miro a mí alrededor y veo mucha gente supuestamente muy segura de amar sus profesiones, absolutamente convencidos de su vocación, con unos propósitos de vida y de trabajo tan claros que más de una vez he entrado en pánico silencioso porque yo realmente aún no tengo idea "para qué nací". Muchas cosas me gustan, me apasionan....encuentro interesantes varias posibilidades, varios caminos de vida pero sigo flotando en esa incertidumbre cotidiana, en esa vacilación constante. Entre más avanzo y más leo y más viajo y más vivo y más converso y más escucho y más y más....más dudo. Mantengo una relación de amor y odio con la carrera que escogí. Muchas veces no me veo estudiando otra cosa pero así mismo no me veo ejerciéndola tampoco.
Cada vez me gustan más los animales....los niños también me gustan, la educación...la enseñanza me parecen muy interesantes. De qué demonios estoy hablando.
No quiero parar de escribir....así sea solo por ejercicio...solo por..por
Viajé. Quería escribir sobre mi viaje pero no sé qué podría decir. No tiene sentido ni gracia describirlo....no es lo mismo para quién lo lee que para quien lo vive...no lograría transmitir ni la mínima parte de lo que fue. Pero algo habrá que decir al respecto.
Viajé 3 meses y medio por sudamérica con uno de mis hermanos menores (1 año menor), Martín. Hermosísimo y complejo ser humano, excelente compañero de vida y de viaje. Viajamos a dedo y en bus (muuuuuuuuuuucho bus) por Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile. Nunca habíamos salido del país...fue nuestra primera vez y la hicimos valer. Nunca habíamos viajado los 2 solos, ni por tanto tiempo ni en esas condiciones. Fue increíble. Pasamos por toda la escala del 1 al 10 en cuestión de comida, de hospedaje, de gente, de lugares, de transportes, de olores, de emociones. Un día comíamos almuerzo de mil pesos que sabía a tierra...o a mierda...o a sal....y al día siguiente estábamos sentados en un restaurante carísimo, invitados por el dueño....pidan lo que quieran, no miren el precio. Empezábamos el día en la playa, al medio día estábamos en un desierto, en la noche en una ciudad capital. Cada país con sus cosas...la gente recibiéndote con los brazos y las puertas abiertas, con la boca llena de historias, de opiniones, de anécdotas, de preguntas, los buenos deseos en el aire, la complicidad de los viajeros....de los que han viajado antes, los que están viajando y los que pronto viajarán. Los viajeros son algo increíble. Me di cuenta que definitivamente sí hay dos tipos de viajeros...los turistas, aquellos que viajan con reservaciones, con tiquetes fijos, con guías, con alquiler, con ropa muy limpia y grandes maletas. Turistas finos. Y están, por el otro lado, los viajeros que se mezclan realmente con la vida...con la gente, con los sitios que visitan...los viajeros de poca ropa y poco itinerario. Son como una nación sin territorio...o mejor dicho, todo es su territorio. Son un país...gente de todos los colores, de todas las regiones, con todo tipo de pasados...de profesiones, de ideas. Te das cuenta que estos ciudadanos del mundo están por todos lados, los reconoces sin esfuerzo. Todos tan parecidos y tan diferentes a la vez...y todos con esa certeza de que la vida jamás será igual porque ya saliste, ya dejaste, ya te abriste. Viajar debe ser un continuo, debe ser una elección de vida (para toda la vida). Sales y viajas un poco...o mucho....y te das cuenta que te has equivocado en muchas cosas, que las prioridades deben ser otras, que no necesitas tanto. Los apegos pierden fuerza igual que el consumismo y el afán de tener, de poseer...las necesidades básicas son tas distintas a las de tu rutina normal...te ves convertido..te ves otro...cambian todas tus preocupaciones..te centras más en sobrevivir, es una sensación casi ancestral...cavernícola...es un reencuentro con los instintos, con los presentimientos, con la intuición. Y descubres que la gente se ayuda, la gente se apoya, la gente se quiere, confía. Incluso en ti que eres apenas un desconocido...un forastero...un extraño...un invasor. Aún así te sonríen y se entregan y te entregan más de lo que imaginas. Nos costó mucho entenderlo al principio. No son cosas fáciles de asimilar pero es bellísimo una vez empiezas a comprenderlo y a compartirlo. Conocimos gente absolutamente maravillosa durante todo nuestro recorrido y eso fue quizá una de las mejores cosas del viaje. En fin...haces un viaje así y te das cuenta que debes seguir haciéndolo, que viajar debe ser una prioridad en la vida de cualquiera. Muchas cosas buenas nos dejó este viaje, muchos cambios de perspectiva, de ser. Ah.
Me está costando mucho leer últimamente. Ninguna lectura me cautiva....leo por no dejar empezado..y a veces dejo empezado...cosa que odio. No sé si soy yo o son los libros que escojo.
Que falta de todo. Quisiera volver a escribir algo con hilo.
Fue suficiente. Suspiro y parto.
Cada vez me gustan más los animales....los niños también me gustan, la educación...la enseñanza me parecen muy interesantes. De qué demonios estoy hablando.
No quiero parar de escribir....así sea solo por ejercicio...solo por..por
Viajé. Quería escribir sobre mi viaje pero no sé qué podría decir. No tiene sentido ni gracia describirlo....no es lo mismo para quién lo lee que para quien lo vive...no lograría transmitir ni la mínima parte de lo que fue. Pero algo habrá que decir al respecto.
Viajé 3 meses y medio por sudamérica con uno de mis hermanos menores (1 año menor), Martín. Hermosísimo y complejo ser humano, excelente compañero de vida y de viaje. Viajamos a dedo y en bus (muuuuuuuuuuucho bus) por Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile. Nunca habíamos salido del país...fue nuestra primera vez y la hicimos valer. Nunca habíamos viajado los 2 solos, ni por tanto tiempo ni en esas condiciones. Fue increíble. Pasamos por toda la escala del 1 al 10 en cuestión de comida, de hospedaje, de gente, de lugares, de transportes, de olores, de emociones. Un día comíamos almuerzo de mil pesos que sabía a tierra...o a mierda...o a sal....y al día siguiente estábamos sentados en un restaurante carísimo, invitados por el dueño....pidan lo que quieran, no miren el precio. Empezábamos el día en la playa, al medio día estábamos en un desierto, en la noche en una ciudad capital. Cada país con sus cosas...la gente recibiéndote con los brazos y las puertas abiertas, con la boca llena de historias, de opiniones, de anécdotas, de preguntas, los buenos deseos en el aire, la complicidad de los viajeros....de los que han viajado antes, los que están viajando y los que pronto viajarán. Los viajeros son algo increíble. Me di cuenta que definitivamente sí hay dos tipos de viajeros...los turistas, aquellos que viajan con reservaciones, con tiquetes fijos, con guías, con alquiler, con ropa muy limpia y grandes maletas. Turistas finos. Y están, por el otro lado, los viajeros que se mezclan realmente con la vida...con la gente, con los sitios que visitan...los viajeros de poca ropa y poco itinerario. Son como una nación sin territorio...o mejor dicho, todo es su territorio. Son un país...gente de todos los colores, de todas las regiones, con todo tipo de pasados...de profesiones, de ideas. Te das cuenta que estos ciudadanos del mundo están por todos lados, los reconoces sin esfuerzo. Todos tan parecidos y tan diferentes a la vez...y todos con esa certeza de que la vida jamás será igual porque ya saliste, ya dejaste, ya te abriste. Viajar debe ser un continuo, debe ser una elección de vida (para toda la vida). Sales y viajas un poco...o mucho....y te das cuenta que te has equivocado en muchas cosas, que las prioridades deben ser otras, que no necesitas tanto. Los apegos pierden fuerza igual que el consumismo y el afán de tener, de poseer...las necesidades básicas son tas distintas a las de tu rutina normal...te ves convertido..te ves otro...cambian todas tus preocupaciones..te centras más en sobrevivir, es una sensación casi ancestral...cavernícola...es un reencuentro con los instintos, con los presentimientos, con la intuición. Y descubres que la gente se ayuda, la gente se apoya, la gente se quiere, confía. Incluso en ti que eres apenas un desconocido...un forastero...un extraño...un invasor. Aún así te sonríen y se entregan y te entregan más de lo que imaginas. Nos costó mucho entenderlo al principio. No son cosas fáciles de asimilar pero es bellísimo una vez empiezas a comprenderlo y a compartirlo. Conocimos gente absolutamente maravillosa durante todo nuestro recorrido y eso fue quizá una de las mejores cosas del viaje. En fin...haces un viaje así y te das cuenta que debes seguir haciéndolo, que viajar debe ser una prioridad en la vida de cualquiera. Muchas cosas buenas nos dejó este viaje, muchos cambios de perspectiva, de ser. Ah.
Me está costando mucho leer últimamente. Ninguna lectura me cautiva....leo por no dejar empezado..y a veces dejo empezado...cosa que odio. No sé si soy yo o son los libros que escojo.
Que falta de todo. Quisiera volver a escribir algo con hilo.
Fue suficiente. Suspiro y parto.
martes, 11 de diciembre de 2012
Cero y van tres.
Con el primero conocí la confianza en su estado más puro, conocí los extremos, exploré el llanto y la conciencia. Me amplió el horizonte de la música, del cine, de la literatura, de los idiomas, del amor. Me quiso mucho, muchísimo y yo lo sé, aunque también se equivocó y ¡de qué manera!
Reconocí plenamente el significado de la palabra verdad y sufrí sin consuelo el de la palabra mentira.
Me abrazó, me cuidó, fue incondicional. Pero estaba tan roto, tan distorsionado, tan ido.
Con el segundo he descubierto el más absurdo deseo, el más pasional de los placeres. He experimentado otro tipo de afecto y de ternura, he conocido un plano muy libre del compromiso. Ha puesto a prueba mi egoísmo, mi paciencia. Con él he aprendido que puedo ser flexible en mis maneras, que realmente puedo cambiar y adaptarme más de lo creía. Me confunde, me fascina, me limita, me mantiene alerta. Pero no me explora, no me conoce lo suficiente, no se abre ni me abre como me gustaría. No sé realmente lo que quiere.
Emocionalmente el primero era certeza, el segundo incertidumbre.
A veces sueño con un tercero que sintetice, que resuma, que reuna.
Le tengo fe a ese tercero pero disfruto mucho del segundo y aún, de vez en cuando, pienso en el primero. Al menos del cero ya no hablo y escasamente lo recuerdo. También hubo un cobarde uno y medio del que no vale la pena hablar.
Reconocí plenamente el significado de la palabra verdad y sufrí sin consuelo el de la palabra mentira.
Me abrazó, me cuidó, fue incondicional. Pero estaba tan roto, tan distorsionado, tan ido.
Con el segundo he descubierto el más absurdo deseo, el más pasional de los placeres. He experimentado otro tipo de afecto y de ternura, he conocido un plano muy libre del compromiso. Ha puesto a prueba mi egoísmo, mi paciencia. Con él he aprendido que puedo ser flexible en mis maneras, que realmente puedo cambiar y adaptarme más de lo creía. Me confunde, me fascina, me limita, me mantiene alerta. Pero no me explora, no me conoce lo suficiente, no se abre ni me abre como me gustaría. No sé realmente lo que quiere.
Emocionalmente el primero era certeza, el segundo incertidumbre.
A veces sueño con un tercero que sintetice, que resuma, que reuna.
Le tengo fe a ese tercero pero disfruto mucho del segundo y aún, de vez en cuando, pienso en el primero. Al menos del cero ya no hablo y escasamente lo recuerdo. También hubo un cobarde uno y medio del que no vale la pena hablar.
martes, 4 de septiembre de 2012
Fuera de
Bueno, este blog ha estado y seguirá estando fuera de servicio por algunos días pues estoy haciendo un mágico viaje por sudamérica con mi adorado hermano. ¡¡¡Qué experiencia!!!
viernes, 3 de agosto de 2012
Humedad
Me muerdo la lengua hinchada de veneno. No me cabe la ira en mis pupilas y en mis puños cerrados. Vuelvo a sentir las medias empapadas, mis lágrimas cayendo de las nubes, amplificando el profundísimo dolor que experimenté en cada célula de mi cuerpo roto. Siento de nuevo de que manera la negativa me parte, me aleja para siempre, arrasa con lo bello, con el vínculo, con la fe. Me anulé por un plural. Por el plural en que creí. Por el plural al que abracé con toda el alma. Maldito sea el día en que me abrí.
Que faltan piezas. Que en medio de tanto caos me desintegré y esto que logré reconstruir no se siente como yo. Que realmente no hay palabras....ni palabras ni nada que lo explique, que lo exprese tal cual.
Hasta cuándo, carajo.
Que faltan piezas. Que en medio de tanto caos me desintegré y esto que logré reconstruir no se siente como yo. Que realmente no hay palabras....ni palabras ni nada que lo explique, que lo exprese tal cual.
Hasta cuándo, carajo.
miércoles, 25 de julio de 2012
Wide Open
Sin más preámbulo, mañana meteré todos mis complejos entre mis cuasi-nuevos zapatos y saldré a tu encuentro. Sólo espero que no preguntes, que no busques, que no juzgues y sobre todo, que no te burles. Que por favor no lo hagas. Recíbeme con un abrazo largo y calla todas tus preguntas que si en algún momento me siento más fuerte o menos tonta, yo te contaré lo que pueda al respecto antes de llenarme de lágrimas y ridícula vergüenza. Malditos sean mis estéticos motivos.
A pesar de todo, espero que sea un lindo día para ambos y especialmente para ti.
Sorpresa.
D
A pesar de todo, espero que sea un lindo día para ambos y especialmente para ti.
Sorpresa.
D
jueves, 19 de julio de 2012
Stars
Música de frío y calor, de sol y lluvia. Música para recordar-olvidar, para desear en cámara lenta, para besar despacio. Música que levanta del suelo, que desenfoca, que nubla. Neblina tibia que abraza y envuelve....que cura. Paz. Música que prepara para un buen almuerzo, una tarde quieta y una noche llena de sonidos, de luces, de personajes, de baile, mucho baile. Noche de adiós. Que me estoy despidiendo desde que te conocí. Que no quiero separarme de ti. Que me vas a hacer mucha falta. Tú y tus manos, tú y tus labios, tú y tus ojos. Tú, tú, tú.
Música para acariciar...mi cuerpo, el tuyo, el vidrio, el perro, el escritorio, el libro, el vaso, el tiempo.
Música que juega con mi temperatura, con mis recuerdos, con mis deseos.
XX...X
D
19/7/12
sábado, 16 de junio de 2012
Tuqui
Te quiero tanto. Sé lo mucho que confío en ti y lo cómoda que aún me siento a tu lado porque cuando estoy contigo puedo ser y actuar como si estuviera sola. Puedo pensar, decir y hacer cualquier cosa por "incorrecta", perversa/pervertida, vergonzosa o privada que sea. Y se siente tan bien. Es muy bonito darse cuenta hasta qué punto se ha desarrollado la confianza entre nosotros y como ha logrado mantenerse a pesar de todo.
Extraño muchas cosas y esa es una de las que más. Poder abrirme con alguien tan sincera y completamente, poder ser sin restricciones de ningún tipo y, como si fuera poco, recibir de ti sólo risas y cariño ante mis barbaridades.
No amaste una fachada. Llegaste a conocerme y me abrazaste con todos mis defectos, con todas mis verdades sin maquillar. Me amaste entera y fui muy afortunada de recibir todo ese amor tan grande y tan honesto.
Me dueles, aún me dueles pero de una manera distinta...más sana, más benigna. Te lloro sonriendo.Te guardo en el rincón más benevolente de mi nostalgia. Y te quiero. Te quiero tanto.
Extraño muchas cosas y esa es una de las que más. Poder abrirme con alguien tan sincera y completamente, poder ser sin restricciones de ningún tipo y, como si fuera poco, recibir de ti sólo risas y cariño ante mis barbaridades.
No amaste una fachada. Llegaste a conocerme y me abrazaste con todos mis defectos, con todas mis verdades sin maquillar. Me amaste entera y fui muy afortunada de recibir todo ese amor tan grande y tan honesto.
Me dueles, aún me dueles pero de una manera distinta...más sana, más benigna. Te lloro sonriendo.Te guardo en el rincón más benevolente de mi nostalgia. Y te quiero. Te quiero tanto.
lunes, 11 de junio de 2012
viernes, 11 de mayo de 2012
Un poco de
Desconocidos que terminan sabiendo más de ti que tus propios amigos. Anónimos, que por misteriosas razones, vigilan en silencio desde sus rincones...como gatos curiosos. Saben de tu vida, saben de ti...incluso más de lo que sospechas. Y no está mal pero es extraño.
Amigos, parejas, familiares y gente cercana, en cambio, que al final terminas sintiendo más desconocidos que cualquiera. De repente te das cuenta que no saben tanto sobre ti como creías, que no estaban tan cerca, que no asumieron el compromiso de involucrarse con la misma responsabilidad ni empeño.
La cobardía es uno de los peores enemigos del amor y la amistad. Escapar es la peor ofensa. Poner como punto final un silencio inmisericorde, es la salida más fácil y la que más lastima.
Es una pena que realmente sea en los momentos difíciles, en las encrucijadas, en el drama, donde desaparacen las máscaras y se conoce finalmente a la otra persona. Sus intenciones, su fortaleza, su verdad.
Es el dolor el que desviste la confianza y la despoja de palabras enfímeras para dejarla finalmente en la blanca desnudez de los actos. Actos que son los que realmente importan, los que demuestran el grado de sinceridad de lo, tantas veces, expresado por la boca.
Es en los momentos más duros, cuando se elige. Y una vez hecha la elección, la intención y los argumentos de la decisión pasan a un segundo plano. Es el acto en sí el que se graba, es el acto en sí el que determina qué tan equivocados estábamos o qué tanto acertamos respecto a esa otra persona a la que le entregamos todo y de la que esperábamos recibir en la misma medida. Y está mal esperar, es cierto....tan cierto como ineludible.
Es francamente inevitable sentirse una idiota cuando descubres que la persona, por la que hubieses metido manos y pies al fuego, termina siendo al final quien te empuja a la hoguera.
D
11/5/12
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martes, 1 de mayo de 2012
Huacayñan
Quiero empezar Mayo compartiendo 2 descubrimientos recientes que he disfrutado mucho:
El pintor Oswaldo Guayasamín http://es.wikipedia.org/wiki/Oswaldo_Guayasam%C3%ADn
http://www.youtube.com/watch?v=e91roZE2e4c
https://www.google.com.co/search?tbm=isch&hl=es&source=hp&biw=1024&bih=600&q=guayasamin&gbv=2&oq=guayasamin&aq=f&aqi=g10&aql=&gs_l=img.3..0l10.98.929.0.1080.10.7.0.0.0.0.180.800.1j5.6.0...0.0.lBwkaM9p5BQ
Y la cantante Andreya Triana.
http://www.youtube.com/watch?v=ZHNDfMOt700
http://www.youtube.com/watch?v=3wxJu-X0zVo
http://www.youtube.com/watch?v=fvp7CAe7j1k
Enjoy ;)
D
1/5/12
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jueves, 26 de abril de 2012
sábado, 21 de abril de 2012
Ejercicio
A todas aquellas personas que dicen querer tener hijos, yo les recomendaría hacer el ejercicio responsable de tener primero un perro y ponerse a prueba como "padres". No vale tener un gato, un gato es como un hijo adolescente, hace lo que le da la gana y se cuida prácticamente solo...el perro en cambio, es un muchachito que no crece y si son (des)afortunados de tener alguno como el mío, será el equivalente a tener un hijo con TDAH.
Me causa gracia cuando escucho a alguien decir que quiere tener 2, 3, 4 hijos. Los miro, sonrío, les pregunto si han tenido alguna vez un perro y la respuesta, generalmente, es negativa. Cordialmente los invito a hacer el ejercicio antes de traer criaturillas al mundo. No tienen nada qué perder. O se dan cuenta que definitivamente la responsabilidad les queda grande o acabarán confirmando que en realidad están en capacidad de tener una familia. El ejercicio también podría servir como control de natalidad pues seguramente reflexionarán y aceptarán que la cifra de cachorros humanos que planean tener, debe bajar de 3 ó 4 a 1 ó 2.
Es una bonita experiencia en todo caso. Los perros son maravillosos....y los hijos pues...ya se verá...
D
21/4/12
Nota: No es mi perro el de la foto....ni mi hijo ;)
jueves, 19 de abril de 2012
martes, 17 de abril de 2012
Enre

Eres todo un profesional. Has aprendido a acechar magníficamente y conoces el momento perfecto para el ataque. Disfrazas la discreción de magia y misterio pero en el fondo la usas para poder llevar a cabo varias conquistas simultáneamente. Eres un maestro en el arte del coqueteo y tu inteligencia es un gran punto a favor. Manejas a la perfección la lengua y conoces esos caminos de música y palabras que pueden enloquecer y hacer perder una mujer en tus peligrosos territorios. Hablas de necesidades y deseos, alardeas de pasatiempos que realmente no posees. Enredas con las letras y la boca, atraes con el sexo y la sensualidad. Tienes un buen sentido del humor, afrodisíaco por excelencia de muchas relaciones. Preparas cuidadosamente tu víctima y los detalles. Más te vale hacerlo bien pues sabes que es poco el placer que obtienes al final. Tan corto, tan temporal, tan intrascendente. Exprimes demasiado rápido tus presas y pierdes fácilmente el interés. Es una lástima, porque eres buen amante. Buen amante y buen mentiroso, excepto cuando tienes poco tiempo para el engaño y resultas con las pésimas excusas de último minuto que te caracterizan. Excusas innecesarias además pues tú mismo te encargas de barrer las cenizas de los fuegos muertos que dejas a tu paso. A veces el único deseo que sigues despertando es el deseo de tener con vos una conversación agradable, como esas que solías entablar antes de la consumación de tus negras intenciones. En ocasiones sencillamente es bueno verte y recordar todo aquello que alcanzaste a provocar. No todos los días se cruza uno con enredadores profesionales como tú y hay que aprender a disfrutar ese papel de Caperucita y aprender también a descifrar de a poco tus infalibles técnicas de seducción... pues vaya uno a saber cuándo le toca hacer de lobo feroz.
Te lo escribo a vos.
D
17/4/12
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sábado, 14 de abril de 2012
Ácido, llanto y saliva
Dan vueltas. Dan vueltas la vida, el color, los objetos, la cabeza.Los ojos intentan enfocar un mundo distinto, distante y desde el instante en que recuperas la conciencia, la mente empieza a llenar los vacíos oscuros de la noche. Conversaciones inconclusas, actividades incompletas, procesos enteros llevados a cabo sin el recuerdo del modo. Momentos sin puente, saltaste de uno a otro sin recorrer los caminos que los unen. Etílica teletransportación y de repente, luego de tantos brincos, despiertas en tu cama.
Damn.
Tu cuerpo resentido, ofendido por los excesos, prepara la desintoxicación. Se va llenando de fuerzas y motivos y finalmente te obliga a pararte, a caminar. El verde, las vueltas, ese desespero sin cura, la cara de monstruo, las náuseas... te hacen entender que el único camino es la reversa, la salida del veneno. Y finalmente te entregas.
Te reciben esos brazos de plástico y porcelana y no hay abrazo más personal que aquel. El malestar llega a su punto máximo y se te sale la muerte por la boca. Sale todo, menos la desolación que ha aprendido a aferrarse con fuerza de las paredes del estómago. Arcada tras arcada vas llegando a ese orgasmo nauseabundo tras el cual la vida recupera su color y sus formas.
Reflexionas un momento frente al oráculo blanco en una comunión enferma y personal.
El alivio es temporal, lo sabes.
Con los ojos encharcados y la mente más ligera, te aseguras que todo estará bien y vuelves a la cama a lidiar con tu castigo, con tu matutina condena.
Es una pena tener que pagar así por la alegría.
D
14/4/12
14/4/12
viernes, 6 de abril de 2012
Bgtá
Viajo. Viajo con la rabia, con la duda, con el miedo. Viajo con el punto de corte, con las cagadas, con los desplantes, con la amenaza, con la aparente monotonía. Viajo agotada, Viajo porque si no viajo seguiré explotando. Viajo eso sí con esa incondicionalidad que se ha convertido en uno de mis mayores tesoros, viajo con esas últimas y codiciadas palabras de apoyo y de cariño. Viajo sola, viajo de noche, viajo con fe.
Llego. Llego y soy bien recibida, llego y no sabes cuánto te agradezco lo que haces, llego y respiro, llego y sonrío, llego y quiero llorar (más tarde lo hago), llego y planeo un poco, llego y grito y bailo y compro y salgo y fumo. Llego y me doy cuenta que a pesar del tiempo y la distancia aún nos llevamos muy bien, nos entendemos, nos queremos. Llego y pienso...pienso tanto en uds, pienso tanto en mí y en lo que hago bien y en lo que hago tan mal y en lo que no hago. Llego y me siento tan perdida y luego me encuentro tantas veces en la multitud y en las notas y en los rayos de la tarde y en las sombras de la noche y en los colores de esa ventana y de ese parque. Llego y estando lejos recuerdo una vez más por qué me es tan difícil cambiar el rumbo, dejarte ir, llego y recuerdo lo mucho que te amé y prefiero no recordar más. Llego y hago varios esfuerzos por estar bien porque así es como se debe estar, como deseo estar. Llego y no quiero más lágrimas (almenosnodetristeza) y me propongo. Me propongo cosas varias. Me propongo por ejemplo recuperar, me propongo limpiar más a fondo, alterar menos la consciencia, seducir más. Llego y te pienso tanto, llego y ¡maldita sea si me gustas! llego y me haces falta y no veo la hora de estar una vez más entre tus brazos. Llego y decido que debo retomar el camino por el que venimos caminando clandestinamente hace varios meses ya. Llego y me sorprendo con la magia, llego y que me arrastre la corriente, llego y a la mierda tus patéticas excusas. Llego y me sumerjo en el peligro y el placer.
Regreso. Regreso de día y despierta. Regreso sola. Regreso entre montañas y neblina, entre un hermoso atardecer. Regreso queriendo reestructurar. Regreso al menos con la iniciativa y una idea de los pasos a seguir. Regreso aún sin tus palabras, sin tu cariño pero con la esperanza de curarnos y de construir lo que jamás hemos tenido. Regreso con más fuerza y con las prioridades de nuevo en su sitio. Regreso con tantos besos para darte, con el deseo renovado, con las caricias en las puntas de los dedos. Regreso y quiero ver varios rostros. Regreso y quiero hacer tantas cosas. Regreso y espero no perder el impulso.
Regreso y pongo en marcha lo reflexionado. Y no es más.
D
6/4/12
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viernes, 24 de febrero de 2012
"In-the-pendiente"

Hay algo que le envidio. No me malinterprete, es envidia de la buena (si es que tal cosa existe). Ud entiende, yo sé. Le envidio su virginidad emocional...esa esterilidad en ese campo. Nunca me ha quedado realmente claro cuál es el motivo pero el punto es que sencillamente no ha sufrido aún en carne propia el corte de ningún cordón umbilical sentimental, lo que implica que su autonomía, su independencia es total. Sí, sí, ud me nombrará un par de personajes y yo no niego la importancia que dichos individuos tuvieron en su vida. Pero nunca llegó a haber relación como tal ni todo lo demás que dicho "estatus" implica y conlleva.
Inevitablemente uno se deja seducir por la comodidad que brinda "recostarse" en el otro. Termina cediendo muchas cosas. Se permite ser absorbido y absorber en la misma medida (a veces en diferente medida que es peor). La dependencia llega, tarde o temprano...y en mayor o menor grado..pero llega. Uno realmente no se percata hasta qué punto ha "perdido" la independencia sino hasta que llega el final. Hasta que, a las buenas o a las malas, ese cordón se rompe, ese vínculo se corta y uno vuelve a quedar solo en el camino...y de repente se da cuenta que olvidó cómo caminar así.
Después de acostumbrarse a compartir prácticamente todo, de contar con ciertas llamadas, con ciertos planes, con ciertas muestras cotidianas de afecto. Después de confiar en el refugio, en la confianza, en el apoyo... Es dificilísimo aceptar la pérdida absoluta, y generalmente repentina, de todo aquello. Queda uno desubicado, mareado, inseguro, indeciso.
Y todos esos pensamientos, sentimientos y sensaciones tan desagradables no las ha llegado a experimentar ud, lo que me hace pensar que, al menos en ese sentido, vive en medio de una tranquilidad envidiable y cuenta con una autonomía sólida, objetiva, personal... que también es de admirar y desear.
Y es eso.....y no sé si me hice entender...y en ningún momento es mi intención ofender....y hace rato quería decírselo.....y no sé por qué me dio por decírselo ahora y así.
Pero ya lo dije y ya me voy a acostar.
La quiero.
D
24/2/12
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sábado, 18 de febrero de 2012
Márai
Desde hace mucho tiempo quiero escribir sobre la fidelidad pero nunca me decido....nunca saco el tiempo. Afortunadamente muchos otros han escrito al respecto y de formas muy hermosas y acertadas. Para la muestra un botón.
Fragmento de "El último encuentro" de Sándor Márai:
"¿Qué significa la fidelidad, qué esperamos de la persona a quien amamos? Yo ya soy viejo, y he reflexionado mucho sobre esto. ¿Exigir fidelidad no sería acaso un grado extremo de la egolatría, del egoísmo y de la vanidad, como la mayoría de las cosas y de los deseos de los seres humanos?. Cuando exigimos a alguien fidelidad, ¿es acaso nuestro propósito que la otra persona sea feliz? Y si la otra persona no es feliz en la sutil esclavitud de la fidelidad, ¿amamos a la persona a quien se la exigimos? Y si no amamos a esa persona ni la hacemos feliz, ¿tenemos derecho a exigirle fidelidad y sacrificio?"
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viernes, 17 de febrero de 2012
Vos-que

Vos que me recuperaste.
Vos que me devolviste la confianza y la imaginación en ese sentido.
Vos que saliste de la nada y te has convertido en esto tan bonito.
Vos que, a pesar de todo, te sostienes... y me mantienes alerta, alegre.
Vos que arriesgas, vos que aceptas, vos que vuelves.
Vos que, sin saberlo, enseñas.
Vos que encantas. Vos que sigues sorprendiendo.
Bosque. Bosque. Bosque.
¿Vos qué? ¿Qué será lo que recuerdas, lo que retienes? ¿Cómo me ves? ¿Cómo me juzgas? ¿Cómo me disfrutas? ¿Qué es lo que te atrae?
Vos que dices tan poco, ¿recordarás acaso la humedad, el afán, el miedo placentero de lo que "no debería" ser y está siendo? ¿Recordarás el cielo? ¿las hojas? ¿el calor? ¿el color?
¿Qué será lo que se queda en ti?
¿Será tan distinto de lo que...
D
17/2/12
lunes, 13 de febrero de 2012
Crisantemo

Suele empezar desde la noche anterior. Ingenuamente muchas veces aún supongo que todo acabará con el sueño y que a la mañana siguiente no habrá rastros. Me equivoco. Es un despertar denso. Abro los ojos mucho más temprano de lo que me gustaría e inmediatamente siento el peso de la tristeza en los párpados, en los hombros, en las rodillas. No me cabe duda que será uno de esos días. Me cuesta mucho levantarme y me quedo un rato debajo de las cobijas, tapada hasta la cabeza, pensando y repensando cosas inútiles...tan inútiles como la nostalgia.
Paseo por mis decisiones recientes, por mis conclusiones más frescas. Me repito las razones y los hechos que me llevaron a tomar tal o cual determinación. Intento volver a convencerme de que eso que decidí es lo mejor. No siempre lo logro.
En días como éste, incluso la música pierde su sabor y son contadísimos los grupos y las canciones que tolero. De todos modos siempre es bueno arrancar el día con ritmo y eso intento. Me aturdo, canto contra la almohada, recibo con cierto alivio el mareo del sonido.
El apetito cae al piso junto con el ánimo y no siento el más mínimo interés por desayunar.
Miro por la ventana y me encuentro un día radiante, un clima que mete sin piedad el dedo en la llaga...que parece burlarse del gris interior. Un día soleado absolutamente indiferente a mi tristeza. Ah.
Saco a caminar a Matías porque él no tiene la culpa de nada y porque sé que no me hará mal una caminadita. Ya con la mente un poco más despejada, acepto tranquilamente que definitivamente es uno de esos días. Me pongo en piloto automático. Sé que lo mejor es realizar normalmente las actividades cotidianas. Intento planear un poco el día para mantener el cuerpo y la mente ocupados. Deshojo hora tras hora en medio de una inconsciencia, de una ausencia práctica. Hablo, como, camino, hasta sonrío pero realmente no estoy ahí.
Estoy (noestoy) acá sentada, hermética, ridícula. Triste.
D
13/2/12
martes, 24 de enero de 2012
Pessoa
Desde que supe el título, presentí que iba a gustarme...sospeché que sería uno de esos libros con los que uno se encarreta y de los que uno se enamora desde que lo está desempacando.
Son como 600 páginas...voy como en la 50 pero me he saboreado cada palabra, he disfrutado enormemente cada frase....hay capítulos que me dejan literalmente con la boca abierta.
¡Qué talento el de este hombre!
Hablo del "Libro del desasosiego" de Bernardo Soares (Fernando Pessoa).
Espero que siga igual de bueno.
Dejo 1 de los capítulos que más me han gustado hasta ahora ;)
Capítulo 10 de Autobiografía sin acontecimientos:
“Y así soy, fútil y sensible, capaz de impulsos violentos y absorbentes, malos y buenos, nobles y viles, pero nunca de un sentimiento que subsista, nunca de una emoción que prolongue y entre hasta la sustancia del alma. Todo en mí es tendencia para ser a continuación otra cosa; una impaciencia del alma consigo misma, como un niño inoportuno; un desasosiego siempre creciente y siempre igual. Todo me interesa y nada me cautiva. Atiendo a todo siempre soñando; fijo los mínimos gestos faciales de aquel con quien hablo, recojo las entonaciones milimétricas de cada palabra proferida; pero al oírlo, no lo escucho, estoy pensando en otra cosa, y lo que menos retengo de la conversación es la noción de lo que en ella se dijo, por mi parte o por parte de aquel con quien hablé. Así, muchas veces, repito a alguien lo que ya le había repetido, le pregunto de nuevo por aquello a lo que ya me había respondido; pero puedo describir, en cuatro palabras fotográficas, el semblante muscular con el que él me dijo lo que no recuerdo, o la inclinación de oír con los ojos con que recibió la narración que ya no recordaba haberle contado. Soy dos, y ambos mantienen la distancia -hermanos siameses que no están unidos.”
Son como 600 páginas...voy como en la 50 pero me he saboreado cada palabra, he disfrutado enormemente cada frase....hay capítulos que me dejan literalmente con la boca abierta.
¡Qué talento el de este hombre!
Hablo del "Libro del desasosiego" de Bernardo Soares (Fernando Pessoa).
Espero que siga igual de bueno.
Dejo 1 de los capítulos que más me han gustado hasta ahora ;)
Capítulo 10 de Autobiografía sin acontecimientos:
“Y así soy, fútil y sensible, capaz de impulsos violentos y absorbentes, malos y buenos, nobles y viles, pero nunca de un sentimiento que subsista, nunca de una emoción que prolongue y entre hasta la sustancia del alma. Todo en mí es tendencia para ser a continuación otra cosa; una impaciencia del alma consigo misma, como un niño inoportuno; un desasosiego siempre creciente y siempre igual. Todo me interesa y nada me cautiva. Atiendo a todo siempre soñando; fijo los mínimos gestos faciales de aquel con quien hablo, recojo las entonaciones milimétricas de cada palabra proferida; pero al oírlo, no lo escucho, estoy pensando en otra cosa, y lo que menos retengo de la conversación es la noción de lo que en ella se dijo, por mi parte o por parte de aquel con quien hablé. Así, muchas veces, repito a alguien lo que ya le había repetido, le pregunto de nuevo por aquello a lo que ya me había respondido; pero puedo describir, en cuatro palabras fotográficas, el semblante muscular con el que él me dijo lo que no recuerdo, o la inclinación de oír con los ojos con que recibió la narración que ya no recordaba haberle contado. Soy dos, y ambos mantienen la distancia -hermanos siameses que no están unidos.”
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sábado, 21 de enero de 2012
jueves, 19 de enero de 2012
Siempre me quedará
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sábado, 14 de enero de 2012
Trust
¿Qué tendrá uno que hacer para entender y aceptar de una buena vez la finitud?¿Finitud de qué? De todo. De la gente, de las ideas, de las relaciones, de las cosas (materiales), de los sentimientos. De todo.
Creo que muchas veces estamos lejanamente conscientes del inevitable fin de las cosas pero la mayor parte del tiempo nos resulta más cómodo ignorarlo y en esa negación de la extinción radica gran parte de los problemas y dolores de cabeza que nos ganamos en el camino.
Últimamente, por ejemplo, he pensado mucho en la "confianza".
Todos alguna vez hemos sentido o, más bien, sufrido lo que venimos a denominar "traición de la confianza". Estoy llena de ejemplos propios y ajenos pero no vale la pena entrar en detalles. El punto es que esas "traiciones" podrían verse desde otro punto de vista. Si tenemos en cuenta que todo es finito, aquello que vemos como "traición" podría significar sencillamente el final de "esa" confianza específica. Me explico: Si le confío a alguien, por ejemplo a una amiga, un secreto y esa persona luego de X meses o años le revela ese secreto a alguien más, tengo 2 posibilidades de ver las cosas y de actuar. O considero la situación como "traición a mi confianza" y mando toda esa relación (en este caso de amistad) a la mierda...O asumo que "esa" confianza...la confianza depositada en esa persona respecto a ese secreto específico, llegó a su fin. La confianza nació, existió, se mantuvo y simplemente cumplió su ciclo y "murió". Y poniéndole algo más de fe y de práctica, tal vez incluso se pueda llegar a la civilizada (¿ilusa?) conclusión de que el hecho de que "esa" confianza haya muerto no implica que las "otras" confianzas depositadas en esa misma persona hayan terminado. Puede ser que esa persona siga siendo muy "confiable" para otros asuntos, o que haya otros secretos entre nosotros que aún mantenga o que incluso pueda volver a confiarle un secreto de la misma índole que reveló y lo guardará por mucho tiempo.
Esto es solo un ejemplo pendejo para ilustrar el hecho de que muchas veces juzgamos muy fuerte, somos demasiado radicales y, sobre todo en lo que respecta a relaciones personales, nos apresuramos a armar grandes tormentas por deslices de lealtad.
Que yo confiaba en ti, que me fallaste, que cómo pudiste, que jamás podré volver a creer en ti.....pero ¿por qué? Si todos la cagamos, si somos tan imperfectos, si todo es tan finito ¿por qué nos empeñamos en idealizar tanto la confianza?
Creo que es difícil poner en práctica este punto de vista pero creo también que hacerlo, y lograrlo exitosamente, nos evitaría muchas discusiones, muchas amistades y relaciones de pareja rotas y, nos ahorraría además los daños a terceros inocentes que terminan sufriendo nuestra falta de confianza en ellos por las supuestas "traiciones" que otros nos han cometido.
La confianza es finita, como todo....pero que termine no quiere decir que no existió o que no tuvo valor. Duró lo que tenía que durar (que no siempre coincide con lo que nos gustaría que durara o con lo que suponíamos que duraría).El ciclo de vida de las cosas está regido por otras fuerzas y circunstancias aparte de nuestros caprichos.
Eso sí, seguramente en el camino iremos descubriendo que "las confianzas" de ciertas personas tienen una vida media más larga que las de otras y con base en eso podemos ir aprendiendo qué confiarle a cada cual pero sin olvidar que, tarde o temprano, todas (las confianzas) se corromperán en mayor o menor medida.
¿Estaré desvariando?
D
14/1/12
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domingo, 1 de enero de 2012
Cuando pase el temblor
He tenido mucho verde, mucho tiempo y soledad para pensar (y sentir) al respecto. Me doy cuenta que mi cuerpo ya no te "pertenece". Sólo algunas partes aún creen ingenuamente ser "tuyas"...como mis manos en reposo, como mi frente, como mis pies.
Donde aún te encuentro constantemente es en mi vocabulario y en mi humor, al menos en aquel que construimos juntos. Hay varias palabras que me encharcan los ojos. Ya no me divierten, únicamente duelen.
Lloro todavía aunque cada vez con menos frecuencia.
Eres dueño y señor de los restos de aquello que yo llegué a considerar amor y dueño también de esos hierbajos de rencor que hago cuanto está a mi alcance para no dejar crecer.
Cada día pierdo más tus rasgos, tus olores, tu voz y tu mirada. Es como si te tuviera al frente pero lejos, a mucha distancia. Te reconozco pero ya no siento conocerte (siesquealgunavezteconocí).
Exorcizar me deja exhausta, frágil. Es triste encontrar tranquilidad en el vacío en lugar de encontrarla en un abrazo pero así son las cosas y cada día es más fácil aceptarlo...o resignarse.
Debo recuperar toda la mitad que irresponsablemente te cedí.
No existes. No existes. No existes. No existes.
D
1/1/12
sábado, 31 de diciembre de 2011
11-12

Si hace un año alguien me hubiera hablado sobre todo lo que iba a pasar en el 2011, no le hubiera creído. Si me hubiera contado acerca de las personas que perdería, me habría burlado. Hace un año no lo habría creído posible.
Hoy, por fin, termina un año caótico, año de mucha confusión y tristeza. Rescato algunos momentos y un par de personas que afortunadamente estuvieron cerca e hicieron más llevaderos estos 365 días.
Felizmente el 2012 aparenta ser un año de recuperación, de alegría, de aprendizaje, viaje y crecimiento. Aún no comienza el año y ya lo tengo "agendado" de cosas muy buenas. Espero que todo salga bien, espero recuperar la calma y la sonrisa y espero que todos aquellos que se pasan por este lugar (por la razón que sea) y me acompañan en el camino, tengan un nuevo año lleno de éxitos y satisfacciones.
¡Feliz año, conocidos y desconocidos "lectores"!
:)
jueves, 29 de diciembre de 2011
Femeni...nahh
Pensándolo un poco me doy cuenta que nunca he sido femenina. Al menos no encajo mucho en el concepto socialmente aceptado y generalizado de feminidad. Pequeña me gustaba más el tierrero, la bicicleta, la moto, los insectos, la casa en el árbol, los deportes (el fútbol especialmente) y, en general cualquier cosa o plan que no incluyera muñecas, niñas lloronas ni el color rosado.
Las otras niñas me miraban como un bicho raro y a veces con cierta envidia porque a ellas los niños no las dejaban jugar con ellos y a mí sí. De todos modos, cuando me lo proponía o cuando me aburría de los sucios e hiperactivos varoncitos, me era fácil entrar en círculos sociales femeninos aunque tanto en ese entonces como ahora me siento más cómoda en los masculinos.
Ya más grande mi "no feminidad" se empezó a notar en mi forma de vestir, en los temas de conversación, en la música, en los planes y actividades recreativas. Cada vez le tengo más pereza a los centros comerciales, a medirme ropa. No me maquillo ni me pinto las uñas, la peinada es mínima, no me gustan los vestidos, las joyas ni los tacones. Son muy pocas las cursilerías que tolero y que disfruto. Cuando bebo me gustan los tragos fuertes y, si el asunto es de cerveza, que jamás me vayan a servir una Redd's.
No es fácil ir nadando por la vida en contra de la femenina corriente. Personalmente, tuve que lidiar en la infancia con insultos y burlas de otros niñ@s y hasta de sus madres... y sufrir cuestionamientos de adultos que no entendían, por ejemplo, porque le había pedido al "niño dios" un G.I.Joe en vez de una Barbie.
Hoy en día todavía de vez en cuando me veo envuelta en discusiones (amistosas y no tanto) sobre la feminidad y los supuestos comportamientos , gustos y actitudes que debe tener "una señorita". Es increíble lo cerrada que pueden llegar a tener la mente ciertas personas.
"Que las mujeres debemos ser así" "Que las mujeres debemos cumplir con" "Que las mujeres tenemos que vernos, vestirnos, actuar de tal manera" .....Bullshit.
La idea no es generalizar pero gran parte de esas señoritas tan bien vestidas, tan peinadas y maquilladas, tan rosaditas y suaves o son unas achapadas o son unas muñecotas huecas sin 2 dedos de frente.
Me quedo con lo simple, con el azul, con muchos gustos, pensamientos y actitudes que a través de los años se han reconocido y aceptado como "masculinos" pero que estoy segura muchas mujeres compartimos y disfrutamos. Creo que la clave está en adaptar todo eso a una feminidad menos complicada y escandalosa, más inteligente y libre porque ser mujer es una maravilla pero mujer en todo el sentido de la palabra. No más mujer-adorno, mujer-cuerpo ni mujer-utensilio de cocina.
D
29/12/11
viernes, 23 de diciembre de 2011
10 cálidos verbos de desamor
1. Ignorar.
2. Eliminar.
3. Bloquear.
4. Dejar (de seguir)
5. Rechazar.
6. Salir.
7. Cancelar
8. Borrar.
9. Colgar.
10. Cerrar
Y una canción.
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jueves, 22 de diciembre de 2011
SM
A veces uno lo sospecha desde un principio. Otras no.
Estás más alerta, cualquier excusa es buena para buscar la cercanía.
Una mirada de más, una sonrisa entre tímida y pícara, el roce "inocente" de piernas o brazos en un taxi, un silencio bien compartido o las palabras precisas.
La duración del proceso es incierta y eso lo hace más divertido. Prefiero el punto medio. Que me dé tiempo de comprender que estoy cayendo de nuevo y disfrutar la caída. Jugar a seducir y a ser seducida. Le apuesto también más a lo sexy que a lo cursi. A mí me gusta que me coqueteen con seguridad, con inteligencia, con humor, con cierta agresividad bien manejada.
Una vez se echa a rodar esa bola de nieve, es imparable.
De repente todo se encamina espontáneamente. Las miradas se hacen más frecuentes, más cómplices. Las sonrisas se abren. Cualquier espectador que ponga el mínimo cuidado, se enterará de lo que está sucediendo (o de lo que está a punto de suceder). Es precisamente ese punto uno de los mejores, de los más mágicos. Aquel punto en el que ya sabes, sin lugar a dudas, que más temprano que tarde habrá contacto. Mínimo un beso...y casi con toda seguridad, más. MÁS.
Es delicioso ese encuentro "final", ese reconocimiento mutuo de 5 sentidos. La novedad. La recompensa. El éxtasis.
Donde, cuando y con quien menos lo espero. Siempre.
Sí.
Bendita sea la atracción.
D
22/12/11
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domingo, 18 de diciembre de 2011
Noche de dogs
Sábado en la noche, aún sufro los últimos vestigios del guayabo de la fiesta del viernes (celebré hasta el amanecer la llegada de las vacaciones). Decido acostarme temprano, 10 p.m. y ya estoy debajo de las cobijas pero apenas cierro los ojos dispuesta a perderme en un sueño reparador, empiezo a escuchar por mi oído derecho a mi hermosa madre hablando por Skype en un spanglish digno de stand-up comedy con un canadiense y por mi oído izquierdo una fiesta adolescente a 2 casas de la mía. Reggaeton a todo volumen, gritos de viejas borrachas y finalmente, alrededor de las 2 a.m. la pelea que nunca falta en este tipo de evento social. Siempre me han parecido ridículas estas peleas. Prepubertos medio descerebrados, que se dedican la noche entera a hablar por "BB" y a atragantarse de alcohol hasta que prácticamente no pueden sostenerse de pie y deciden que es el momento perfecto para darse en la jeta con otro borracho pendejo sin ninguna buena razón. Escándalo. Niñas gritando, llorando. Adolescentes envueltos en un nudo humano, dándose duro entre todos. Narices reventadas, papás en esqueleto y chanclas intentando arreglar el asunto, vecinos fisgones, celadores que disfrutan el espectáculo desde sus casetas envueltos en 4 ruanas, policías que no saben ni por dónde empezar...en fin...drama. Lo peor es que nunca falta aquel ebrio luchador que tiene un amigo gamín al que llama pidiendo auxilio y éste llega a los 20 minutos con su pandilla de malandros armados a terminar de cagarse el panorama. Al final la fiesta acaba en llanto y sangre, terminan 10 ó 15 culicagados heridos y ninguno sabe realmente el motivo de la pelea...y en las contadas ocasiones en que existe un motivo, siempre es una grandísima estupidez. Patética situación. Noche de perros.Salvó la patria un sueño que tuve. Al final no supe si soñé algo y luego dentro del mismo sueño soñé que le contaba a alguien el sueño que acaba de tener o si soñé que le contaba a alguien un sueño pero iba creando los recuerdos del sueño contado a medida que lo contaba. Difícil de explicar pero fue una experiencia onírica bien interesante.
Finalmente pude dormir y hoy me levanté en perfectas condiciones para empezar el día con una buena caminata con Matías.
Tendré un buen día, lo sé. Bienvenido el domingo y bienvenidas mis vacaciones :)
D
18/12/11
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jueves, 15 de diciembre de 2011
domingo, 11 de diciembre de 2011
Malestar general
Cada vez me queda más complicado determinar la etiología de mi malestar.
Soy puros síntomas.
Sick.
Soy puros síntomas.
Sick.
domingo, 27 de noviembre de 2011
sábado, 26 de noviembre de 2011
Her-ida
Me parece extraño que, generalmente, ardan más las heridas pequeñas que las grandes.Las cagadas minúsculas, perder gente (por x o y motivo) que realmente no es muy importante para mí, ciertas ofensas a las cuales no debería prestar tanta atención, por poner algunos ejemplos, duelen y arden como una de esas heridas que uno accidentalmente se hace con una hoja de papel y que, a pesar de ser milimétricas, nos hacen ver estrellas.
Por otro lado, las grandes cagadas, la pérdida catastrófica de un ser realmente querido (y no me refiero sólo a su muerte), las ofensas más impensables, los vacíos más abismales...todos esos grandes dolores que realmente me trastornan la vida, suelen comportarse como una quemadura de tercer o cuarto grado que, siendo una cosa terrible, generalmente no duele porque se han achicharrado hasta los nervios.
Y así es. Últimamente me he visto sufriendo más de lo necesario y echándole mucha cabeza a pendejadas e insignificancias pero cuando pienso en aquellas tristezas trascendentales hay un bloqueo del sufrimiento, una anestesia, una pérdida de sensibilidad hasta rara que da lugar a un estado de indiferencia y resignación.
No sé si es un mecanismo de defensa emocional, no sé si es una de esas etapas del duelo de las que tanto hablan los psicólogos y psiquiatras, no sé qué pasa.
Ha sido grande el incendio, varias las quemaduras y, larga y lenta la recuperación.
D
26/11/11
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martes, 22 de noviembre de 2011
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Je Vais Bien, Ne T'en Fais Pas

Eres siempre la última vez
Eres el milagro de verte de nuevo
De volver a besarte, a abrazarte
Te pierdo, sin haberte tenido, cada vez que huyes por la puerta
Estás más en mi mente que en mis brazos
Eres recuerdo, eres consuelo, desahogo
Me miras y callas, te guardas todo para ti.
Te miro. Y lloro a veces cuando te vas, cuando no estás, mientras te hablo y no me ves
Lloro. Lloro y tus hombros no lo saben.
Decido posar en ellos mis labios, no mis lágrimas y así está bien.....supongo.
Eres vida, eres cura, eres amor ligero y libre
y qué habría sido de mí sin ti, este año
¡qué año!
Eres sólo presente y es difícil.
Paralelo y efímero escape
alivio prohibido
Eres otra cuenta regresiva más
bomba de humo, de tiempo
Espejismo, bien-estar
Falso olvido
Eres
y te lo agradezco tanto.
D
16/11/11
sábado, 12 de noviembre de 2011
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Dorian Gray
Esta mañana terminé de leer "El retrato de Dorian Gray" de Oscar Wilde y me pareció exquisito. Me hubiera gustado escribir en algún lado todas las frases, párrafos y hasta capítulos enteros que me gustaron pero habría terminado transcribiendo medio libro así que he decidido más bien comprarlo en alguna librería de libros usados la próxima vez que lo vea. Dejo uno de mis capítulos favoritos, el capítulo II. La traducción que leí(de Julio Gómez de la Serna) es mejor pero no pude encontrarla online
Al entrar, vieron a Dorian Gray. Estaba sentado al piano, de espaldas a ellos, pasando las páginas de Las escenas del bosque, de Schumann.
-Tienes que prestármelo, Basil -exclamó-. Quiero aprendérmelas. Son encantadoras.
-Eso depende de cómo poses hoy, Dorian.
-Estoy cansado de posar, y no quiero un retrato de cuerpo entero -respondió el muchacho, volviéndose sobre el taburete del piano con un gesto caprichoso y malhumorado. Al ver a lord Henry, se le colorearon las mejillas por un momento y procedió a levantarse-. Perdóname, Basil, pero no sabía que estuvieras acompañado.
-Te presento a lord Henry Wotton, Dorian, un viejo amigo mío de Oxford. Le estaba diciendo que eres un modelo muy disciplinado, y acabas de echarlo todo a perder.
-Excepto el placer de conocerlo a usted, señor Gray -dijo lord Henry, dando un paso al frente y extendiendo la mano-. Mi tía me ha hablado a menudo de usted. Es uno de sus preferidos y, mucho me temo, también una de sus víctimas.
-En el momento actual estoy en la lista negra de lady Agatha -respondió Dorian con una divertida expresión de remordimiento-. Prometí ir con ella el martes a un club de Whitechapel y lo olvidé por completo. íbamos a tocar juntos un dúo..., más bien tres, según creo. No sé qué dirá. Me da miedo ir a visitarla.
-Yo me encargo de reconciliarlo con ella. Siente verdadera devoción por usted. Y no creo que importara que no fuese. El público pensó probablemente que era un dúo. Cuando tía Agatha se sienta al piano hace ruido suficiente por dos personas.
-Eso es una insidia contra ella y tampoco me deja a mí en muy buen lugar -respondió Dorian, riendo.
Lord Henry se lo quedó mirando. Sí; no había la menor duda de que era extraordinariamente bien parecido, con labios muy rojos debidamente arqueados, ojos azules llenos de franqueza, rubios cabellos rizados. Había algo en su rostro que inspiraba inmediata confianza. Estaba allí presente todo el candor de la juventud, así como toda su pureza apasionada. Se sentía que aquel adolescente no se había dejado manchar por el mundo. No era de extrañar que Basil Hallward sintiera veneración por él.
-Sin duda es usted demasiado encantador para dedicarse a la filantropía, señor Gray -lord Henry se dejó caer en el diván y abrió la pitillera.
El pintor había estado ocupado mezclando colores y preparando los pinceles. Parecía preocupado y, al oír la última observación de lord Henry, lo miró, vaciló un instante y luego dijo:
-Harry, quiero terminar hoy este retrato. ¿Me juzgarás terriblemente descortés si te pido que te vayas?
Lord Henry sonrió y miró a Dorian Gray.
-¿Tengo que marcharme, señor Gray? -preguntó.
-No, por favor, lord Henry. Ya veo que Basil está hoy de mal humor, y no lo soporto cuando se enfurruña. Además, quiero que me explique por qué no debo dedicarme a la filantropía.
-No estoy seguro de que deba decírselo, señor Gray. Se trata de un asunto tan tedioso que habría que hablar en serio de ello. Pero, desde luego, no saldré corriendo después de haberme dicho usted que me quede. ¿No te importa demasiado, verdad Basil? Me has dicho muchas veces que te gusta que tus modelos tengan a alguien con quien charlar.
Hallward se mordió los labios.
-Si Dorian lo desea, claro que te puedes quedar. Los caprichos de Dorian son leyes para todo el mundo, excepto para él.
Lord Henry recogió su sombrero y sus guantes.
-Eres muy insistente, Basil, pero, desgraciadamente, debo irme. Prometí reunirme con una persona en el Orleans. Hasta la vista, señor Gray. Venga a verme alguna tarde a Curzon Street. Casi siempre estoy en casa a las cinco. Escríbame cuando decida ir, sentiría mucho perderme su visita.
-Basil -exclamó Dorian Gray-, si lord Henry Wotton se marcha, me iré yo también. Nunca despegas los labios cuando pintas, y es muy aburrido estar de pie en un estrado y tratar de parecer contento. Pídele que se quede. Insisto.
-Quédate, Harry, para complacer a Dorian y para complacerme a mí -dijo Hallward, sin apartar los ojos del cuadro-. Es muy cierto que nunca hablo cuando estoy trabajando, y tampoco escucho, lo que debe de ser increíblemente tedioso para mis pobres modelos. Te suplico que te quedes.
-¿Y qué va a ser del caballero que me espera en el Orleans?
El pintor se echó a reír.
-No creo que eso sea un problema. Siéntate otra vez, Harry. Y ahora, Dorian, sube al estrado y no te muevas demasiado ni prestes atención a lo que dice lord Henry. Tiene una pésima influencia sobre todos mis amigos, sin otra excepción que yo.
Dorian Gray subió al estrado con el aspecto de un joven mártir griego, e hizo una ligera mueca de descontento dirigida a lord Henry, que le inspiraba ya una gran simpatía. ¡Era tan distinto de Basil! Producían un contraste muy agradable. Y tenía una voz muy bella.
-¿Es cierto que ejerce usted una pésima influencia, lord Henry? -le preguntó al cabo de unos instantes-. ¿Tan mala como dice Basil?
-Las buenas influencias no existen, señor Gray. Toda influencia es inmoral; inmoral desde el punto de vista científico.
-¿Por qué?
-Porque influir en una persona es darle la propia alma. Esa persona deja de pensar sus propias ideas y de arder con sus pasiones. Sus virtudes dejan de ser reales. Sus pecados, si es que los pecados existen, son prestados. Se convierte en eco de la música de otro, en un actor que interpreta un papel que no se ha escrito para él. La finalidad de la vida es el propio desarrollo. Alcanzar la plenitud de la manera más perfecta posible, para eso estamos aquí. En la actualidad las personas se tienen miedo. Han olvidado el mayor de todos los deberes, lo que cada uno se debe a sí mismo. Son caritativos, por supuesto. Dan de comer al hambriento y visten al desnudo. Pero sus almas pasan hambre y ellos mismos están desnudos. Nuestra raza ha dejado de tener valor. Quizá no lo haya tenido nunca. El miedo a la sociedad, que es la base de la moral; el miedo a Dios, que es el secreto de la religión: ésas son las dos cosas que nos gobiernan. Y, sin embargo...
-Vuelve la cabeza un poquito más hacia la derecha, Dorian, como un buen chico -dijo el pintor, enfrascado en su trabajo, sólo consciente de que en el rostro del muchacho había aparecido una expresión completamente nueva.
-Y, sin embargo -continuó lord Henry, con su voz grave y musical, y con el peculiar movimiento de la mano que le era tan característico, y que ya lo distinguía incluso en los días de Eton-, creo que si un hombre viviera su vida de manera total y completa, si diera forma a todo sentimiento, expresión a todo pensamiento, realidad a todo sueño..., creo que el mundo recibiría tal empujón de alegría que olvidaríamos todas las enfermedades del medievalismo y regresaríamos al ideal heleno; puede que incluso a algo más delicado, más rico que el ideal heleno. Pero hasta el más valiente de nosotros tiene miedo de sí mismo. La mutilación del salvaje encuentra su trágica supervivencia en la autorrenuncia que desfigura nuestra vida. Se nos castiga por nuestras negativas. Todos los impulsos que nos esforzamos por estrangular se multiplican en la mente y nos envenenan. Que el cuerpo peque una vez, y se habrá librado de su pecado, porque la acción es un modo de purificación. Después no queda nada, excepto el recuerdo de un placer o la voluptuosidad de un remordimiento. La única manera de librarse de la tentación es ceder ante ella. Si se resiste, el alma enferma, anhelando lo que ella misma se ha prohibido, deseando lo que sus leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal. Se ha dicho que los grandes acontecimientos del mundo suceden en el cerebro. Es también en el cerebro, y sólo en el cerebro, donde se cometen los grandes pecados. Usted, señor Gray, usted mismo, todavía con las rosas rojas de la juventud y las blancas de la infancia, ha tenido pasiones que le han hecho asustarse, pensamientos que le han llenado de terror, sueños y momentos de vigilia cuyo simple recuerdo puede teñirle las mejillas de vergüenza...
-¡Basta! -balbuceó Dorian Gray-; ¡basta! Me desconcierta usted. No sé qué decir. Hay una manera de responderle, pero no la encuentro. No hable. Déjeme pensar. O, más bien, deje que trate de pensar.
Durante cerca de diez minutos siguió allí, inmóvil, los labios abiertos y un brillo extraño en la mirada. Era vagamente consciente de que influencias completamente nuevas actuaban en su interior, aunque, le parecía a él, procedían en realidad de sí mismo. Las pocas palabras que el amigo de Basil le había dicho, palabras lanzadas al azar, sin duda, y caprichosamente paradójicas, habían tocado alguna cuerda secreta, nunca pulsada anteriormente, pero que sentía ahora vibrar y palpitar con peculiares estremecimientos.
La música le afectaba de la misma manera. La música le había conmovido muchas veces. Pero la música no era directamente inteligible. No era un mundo nuevo, sino más bien otro caos creado en nosotros. ¡Palabras! ¡Simples palabras! ¡Qué terribles eran! ¡Qué claras, y qué agudas y crueles! No era posible escapar. Y, sin embargo, ¡qué magia tan sutil había en ellas! Parecían tener la virtud de dar una forma plástica a cosas informes y poseer una música propia tan dulce como la de una viola o de un laúd. ¡Simples palabras! ¿Había algo tan real como las palabras?
Sí; hubo cosas en su infancia que nunca entendió, pero que ahora entendía. La vida, de repente, adquirió a sus ojos un color rojo encendido. Le pareció que había estado caminando sobre fuego. ¿Por qué no lo había sabido antes?
Con una sonrisa sutil lord Henry lo observaba. Sabía cuál era el momento psicológico en el que no había que decir nada. Estaba sumamente interesado. Sorprendido de la impresión producida por sus palabras y, al recordar un libro que había leído a los dieciséis años, un libro que le reveló muchas cosas que antes no sabía, se preguntó si Dorian Gray estaba teniendo una experiencia similar. Él no había hecho más que lanzar una flecha al aire. ¿Había dado en el blanco? ¡Qué fascinante era aquel muchacho!
Hallward pintaba sin descanso con aquellas maravillosas y audaces pinceladas suyas que tenían el verdadero refinamiento y la perfecta delicadeza que, al menos en el arte, proceden únicamente de la fuerza. No había advertido el silencio.
-Basil, me canso de estar de pie -exclamó Gray de repente-. Quiero salir al jardín y sentarme. Aquí el aire es asfixiante.
-Tendrás que perdonarme. Cuando pinto me olvido de todo lo demás. Pero nunca habías posado mejor. Has estado completamente inmóvil. Y he captado el efecto que quería: los labios entreabiertos, y el brillo en los ojos. No sé qué te habrá dicho Harry para conseguir esta expresión maravillosa. Imagino que te halagaba la vanidad. No debes creer una sola palabra de lo que diga.
-Desde luego no me halagaba la vanidad. Tal vez por eso no he creído nada de lo que me ha dicho. -Reconozca que se lo ha creído todo -dijo lord Henry, lanzándole una mirada soñadora y lánguida-. Saldré al jardín con usted. Hace un calor horrible en el estudio. Basil, ofrécenos algo helado para beber, algo que tenga fresas.
-Por supuesto, Harry. Basta con que llames; en cuanto venga Parker le diré lo que quieres. He de trabajar el fondo; me reuniré después con vosotros. No retengas demasiado tiempo a Dorian. Nunca me he sentido tan en forma para pintar como hoy. Va a ser mi obra maestra. Ya lo es, tal como está ahora.
Lord Henry salió al jardín y encontró a Dorian Gray con el rostro hundido en las grandes flores del lilo, bebiendo febrilmente su perfume fresco como si se tratase de vino. Se le acercó y le puso una mano en el hombro.
-Está usted en lo cierto al hacer eso -murmuró-. Nada, excepto los sentidos, puede curar el alma, como tampoco nada, excepto el alma, puede curar los sentidos.
El muchacho se sobresaltó, apartándose. Llevaba la cabeza descubierta, y las hojas del arbusto le habían despeinado, enredando las hebras doradas. Había miedo en sus ojos, como sucede cuándo se despierta a alguien de repente. Le vibraron las aletas de la nariz y algún nervio escondido agitó el rojo de sus labios, haciéndolos temblar.
-Sí -prosiguió lord Henry-; ése es uno de los grandes secretos de la vida: curar el alma por medio de los sentidos, y los sentidos con el alma. Usted es una criatura asombrosa. Sabe más de lo que cree saber, pero menos de lo que quiere.
Dorian Gray frunció el ceño y apartó la cabeza. Le era imposible dejar de mirar con buenos ojos a aquel joven alto y elegante que tenía al lado. Su rostro moreno y romántico y su aire cansado le interesaban. Había algo en su voz, grave y lánguida, absolutamente fascinante. Sus manos blancas, tranquilas, que tenían incluso algo de flores, poseían un curioso encanto. Se movían, cuando lord Henry hablaba, de manera musical, y parecían poseer un lenguaje propio. Pero lord Henry le asustaba, y se avergonzaba de sentir miedo. ¿Cómo era que un extraño le había hecho descubrirse a sí mismo? Conocía a Hallward desde hacía meses, pero la amistad entre ambos no lo había cambiado. De repente, sin embargo, se había cruzado con alguien que parecía descubrirle el misterio de la existencia. Aunque, de todos modos, ¿qué motivo había para sentir miedo? Él no era un colegial ni una muchachita. Era absurdo asustarse.
-Sentémonos a la sombra -dijo lord Henry-. Parker nos ha traído las bebidas, y si se queda usted más tiempo bajo este sol de justicia se le echará a perder la tez y Basil nunca lo volverá a retratar. No debe permitir que el sol lo queme. Sería muy poco favorecedor.
-¿Qué importancia tiene eso? -exclamó Dorian Gray, riendo, mientras se sentaba en un banco al fondo del jardín.
-Toda la importancia del mundo, señor Gray.
-¿Por qué?
-Porque posee usted la más maravillosa juventud, y la juventud es lo más precioso que se puede poseer.
-No lo siento yo así, lord Henry.
-No; no lo siente ahora. Pero algún día, cuando sea viejo y feo y esté lleno de arrugas, cuando los pensamientos le hayan marcado la frente con sus pliegues y la pasión le haya quemado los labios con sus odiosas brasas, lo sentirá, y lo sentirá terriblemente. Ahora, dondequiera que vaya, seduce a todo el mundo. ¿Será siempre así?... Posee usted un rostro extraordinariamente agraciado, señor Gray. No frunza el ceño. Es cierto. Y la belleza es una manifestación de genio; está incluso por encima del genio, puesto que no necesita explicación. Es uno de los grandes dones de la naturaleza, como la luz del sol, o la primavera, o el reflejo en aguas oscuras de esa concha de plata a la que llamamos luna. No admite discusión. Tiene un derecho divino de soberanía. Convierte en príncipes a quienes la poseen. ¿Se sonríe? ¡Ah! Cuando la haya perdido no sonreirá... La gente dice a veces que la belleza es sólo superficial. Tal vez. Pero, al menos, no es tan superficial como el pensamiento. Para mí la belleza es la maravilla de las maravillas. Tan sólo las personas superficiales no juzgan por las apariencias. El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo que no se ve... Sí, señor Gray, los dioses han sido buenos con usted. Pero lo que los dioses dan, también lo quitan, y muy pronto. Sólo dispone de unos pocos años en los que vivir de verdad, perfectamente y con plenitud. Cuando se le acabe la juventud desaparecerá la belleza, y entonces descubrirá de repente que ya no le quedan más triunfos, o habrá de contentarse con unos triunfos insignificantes que el recuerdo de su pasado esplendor hará más amargos que las derrotas. Cada mes que expira lo acerca un poco más a algo terrible. El tiempo tiene celos de usted, y lucha contra sus lirios y sus rosas. Se volverá cetrino, se le hundirán las mejillas y sus ojos perderán el brillo. Sufrirá horriblemente... ¡Ah! Disfrute plenamente de la juventud mientras la posee. No despilfarre el oro de sus días escuchando a gente aburrida, tratando de redimir a los fracasados sin esperanza, ni entregando su vida a los ignorantes, los anodinos y los vulgares. Ésos son los objetivos enfermizos, las falsas ideas de nuestra época. ¡Viva! ¡Viva la vida maravillosa que le pertenece! No deje que nada se pierda. Esté siempre a la busca de nuevas sensaciones. No tenga miedo de nada... Un nuevo hedonismo: eso es lo que nuestro siglo necesita. Usted puede ser su símbolo visible. Dada su personalidad, no hay nada que no pueda hacer. El mundo le pertenece durante una temporada... En el momento en que lo he visto he comprendido que no se daba usted cuenta en absoluto de lo que realmente es, de lo que realmente puede ser. Había en usted tantas cosas que me encantaban que he sentido la necesidad de hablarle un poco de usted. He pensado en la tragedia que sería malgastar lo que posee. Porque su juventud no durará mucho, demasiado poco, a decir verdad. Las flores sencillas del campo se marchitan, pero florecen de nuevo. Las flores del codeso serán tan amarillas el próximo junio como ahora. Dentro de un mes habrá estrellas moradas en las clemátides y, año tras año, la verde noche de sus hojas sostendrá sus flores moradas. Pero nosotros nunca recuperamos nuestra juventud. El pulso alegre que late en nosotros cuando tenemos veinte años se vuelve perezoso con el paso del tiempo. Nos fallan las extremidades, nuestros sentidos se deterioran. Nos convertimos en espantosas marionetas, obsesionados por el recuerdo de las pasiones que nos asustaron en demasía, y el de las exquisitas tentaciones a las que no tuvimos el valor de sucumbir. ¡Juventud! ¡Juventud! ¡No hay absolutamente nada en el mundo excepto la juventud!
Dorian Gray escuchaba, los ojos muy abiertos, asombrado. El ramillete de lilas se le cayó al suelo. Una sedosa abeja zumbó a su alrededor por un instante. Luego empezó a trepar con dificultad por los globos estrellados de cada flor. Dorian Gray la observó con el extraño interés por las cosas triviales que tratamos de fomentar cuando las más importantes nos asustan, o cuando nos embarga alguna nueva emoción que no sabemos expresar, o cuando alguna idea que nos aterra pone repentino sitio a la mente y exige nuestra rendición. Al cabo de algún tiempo la abeja alzó el vuelo. Dorian Gray la vio introducirse en la campanilla de una enredadera. La flor pareció estremecerse y luego se balanceó suavemente hacia adelante y hacia atrás.
De repente, el pintor apareció en la puerta del estudio y, con gestos bruscos, les indicó que entraran en la casa. Dorian Gray y lord Henry se miraron y sonrieron.
-Estoy esperando -exclamó Hallward-. Vengan, por favor. La luz es perfecta; tráiganse los vasos.
Se levantaron y recorrieron juntos la senda. Dos mariposas verdes y blancas se cruzaron con ellos y, en el peral que ocupaba una esquina del jardín, un mirlo empezó a cantar.
-Se alegra de haberme conocido, señor Gray-dijo lord Henry, mirándolo.
-Sí, ahora sí. Me pregunto si me alegraré siempre.
-¡Siempre! Terrible palabra. Hace que me estremezca cuando la oigo. Las mujeres son tan aficionadas a usarla. Echan a perder todas las historias de amor intentando que duren para siempre. Es, además, una palabra sin sentido. La única diferencia entre un capricho y una pasión para toda la vida es que el capricho dura un poco más.
Al entrar en el estudio, Dorian Gray puso una mano en el brazo de lord Henry.
-En ese caso, que nuestra amistad sea un capricho -murmuró, ruborizándose ante su propia audacia; luego subió al estrado y volvió a posar.
Lord Henry se dejó caer en un gran sillón de mimbre y lo contempló. El roce del pincel sobre el lienzo era el único ruido que turbaba la quietud, excepto cuando, de tarde en tarde, Hallward retrocedía para examinar su obra desde más lejos. En los rayos oblicuos que penetraban por la puerta abierta, el polvo danzaba, convertido en oro. El intenso perfume de las rosas parecía envolverlo todo.
Al cabo de un cuarto de hora Hallward dejó de pintar, miró durante un buen rato a Dorian Gray, y luego durante otro buen rato al cuadro mientras mordía el extremo de uno de sus grandes pinceles y fruncía el ceño.
-Está terminado -exclamó por fin; agachándose, firmó con grandes trazos rojos en la esquina izquierda del lienzo.
Lord Henry se acercó a examinar el retrato. Era, sin duda, una espléndida obra de arte, y el parecido era excelente.
-Mi querido amigo -dijo-, te felicito de todo corazón. Es el mejor retrato de nuestra época. Señor Gray, venga a comprobarlo usted mismo.
El muchacho se sobresaltó, como despertando de un sueño.
-¿Realmente acabado? -murmuró, bajando del estrado.
-Totalmente -dijo el pintor-. Y hoy has posado mejor que nunca. Te estoy muy agradecido.
-Eso me lo debes enteramente a mí -intervino lord Henry-. ¿No es así, señor Gray?
Dorian, sin responder, avanzó con lentitud de espaldas al cuadro y luego se volvió hacia él. Al verlo retrocedió, las mejillas encendidas de placer por un momento. Un brillo de alegría se le encendió en los ojos, como si se reconociese por vez primera. Permaneció inmóvil y maravillado, consciente apenas de que Hallward hablaba con él y sin captar el significado de sus palabras. La conciencia de su propia belleza lo asaltó como una revelación. Era la primera vez. Los cumplidos de Basil Hallward le habían parecido hasta entonces simples exageraciones agradables, producto de la amistad. Los escuchaba, se reía con ellos y los olvidaba. No influían sobre él. Luego se había presentado lord Henry Wotton con su extraño panegírico sobre la juventud, su terrible advertencia sobre su brevedad. Aquello le había conmovido y, ahora, mientras miraba fijamente la imagen de su belleza, con una claridad fulgurante captó toda la verdad. Sí, en un día no muy lejano su rostro se arrugaría y marchitaría, sus ojos perderían color y brillo, la armonía de su figura se quebraría. Desaparecería el rojo escarlata de sus labios y el oro de sus cabellos. La vida que había de formarle al alma le deformaría el cuerpo. Se convertiría en un ser horrible, odioso, grotesco. Al pensar en ello, un dolor muy agudo lo atravesó como un cuchillo, e hizo que se estremecieran todas las fibras de su ser. El azul de sus ojos se oscureció con un velo de lágrimas. Sintió que una mano de hielo se le había posado sobre el corazón.
-¿No te gusta? -exclamó finalmente Hallward, un tanto dolido por el silencio del muchacho, sin entender su significado.
-Claro que le gusta -dijo lord Henry-. ¿A quién podría no gustarle? Es una de las grandes obras del arte moderno. Te daré por él lo que quieras pedirme. Debe ser mío.
-No soy yo su dueño, Harry.
-¿Quién es el propietario?
-Dorian, por supuesto -respondió el pintor.
-Es muy afortunado.
-¡Qué triste resulta! -murmuró Dorian Gray, los ojos todavía fijos en el retrato-. Me haré viejo, horrible, espantoso. Pero este cuadro siempre será joven. Nunca dejará atrás este día de junio... ¡Si fuese al revés! ¡Si yo me conservase siempre joven y el retrato envejeciera! Daría..., ¡daría cualquier cosa por eso! ¡Daría el alma!
-No creo que te gustara mucho esa solución, Basil -exclamó lord Henry, riendo-. Sería bastante inclemente con tu obra.
-Me opondría con la mayor energía posible, Harry -dijo Hallward.
Dorian Gray se volvió para mirarlo.
-Estoy seguro de que lo harías. Tu arte te importa más que los amigos. Para ti no soy más que una figurilla de bronce. Ni siquiera eso, me atrevería a decir.
El pintor se lo quedó mirando, asombrado. Dorian no hablaba nunca así. ¿Qué había sucedido? Parecía muy enfadado. Tenía el rostro encendido y le ardían las mejillas.
-Sí -continuó el joven-: para ti soy menos que tu Hermes de marfil o tu fauno de plata. Ésos te gustarán siempre. ¿Hasta cuándo te gustaré yo? Hasta que me salga la primera arruga. Ahora ya sé que cuando se pierde la belleza, mucha o poca, se pierde todo. Tu cuadro me lo ha enseñado. Lord Henry Wotton tiene razón. La juventud es lo único que merece la pena. Cuando descubra que envejezco, me mataré.
Hallward palideció y le tomó la mano.
-¡Dorian! ¡Dorian! -exclamó-, no hables así. Nunca he tenido un amigo como tú, ni tendré nunca otro. No me digas que sientes celos de las cosas materiales. ¡Tú estás por encima de todas ellas!
-Tengo celos de todo aquello cuya belleza no muere. Tengo celos de mi retrato. ¿Por qué ha de conservar lo que yo voy a perder? Cada momento que pasa me quita algo para dárselo a él. ¡Ah, si fuese al revés! ¡Si el cuadro pudiera cambiar y ser yo siempre como ahora! ¿Para qué lo has pintado? Se burlará de mí algún día, ¡se burlará despiadadamente!
Los ojos se le llenaron de lágrimas ardientes; retiró bruscamente la mano y, arrojándose sobre el diván, enterró el rostro entre los cojines, como si estuviera rezando.
-Esto es obra tuya, Harry -dijo el pintor con amargura.
Lord Henry se encogió de hombros.
-Es el verdadero Dorian Gray, eso es todo.
-No lo es.
-Si no lo es, ¿qué tengo yo que ver con eso?
-Deberías haberte marchado cuando te lo pedí -murmuró.
-Me quedé cuando me lo pediste -fue la respuesta de lord Henry.
-Harry, no me puedo pelear al mismo tiempo con mis dos mejores amigos, pero entre los dos me habéis hecho odiar la más perfecta de mis obras, y voy a destruirla. ¿Qué es, después de todo, excepto lienzo y color? No voy a permitir que un retrato se interponga entre nosotros.
Dorian Gray alzó la rubia cabeza del cojín y, con el rostro pálido y los ojos enrojecidos por las lágrimas lo miró, mientras Hallward se dirigía hacia la mesa de madera situada bajo la alta ventana con cortinas. ¿Qué había ido a hacer allí? Los dedos se perdían entre el revoltijo de tubos de estaño y pinceles secos, buscando algo. Sí, el largo cuchillo apaletado, con su delgada hoja de acero flexible. . Una vez encontrado, se disponía a rasgar la tela. Ahogando un gemido, el muchacho saltó del diván y, corriendo hacia Hallward, le arrancó el cuchillo de la mano, arrojándolo al otro extremo del estudio.
-¡No, Basil, no lo hagas! -exclamó-. ¡Sería un asesinato! -Me alegro de que por fin aprecies mi obra, Dorian -dijo fríamente el pintor, una vez recuperado de la sorpresa-. Había perdido la esperanza.
-¿Apreciarla? Me fascina. Es parte de mí mismo. Lo noto.
-Bien; tan pronto como estés seco, serás barnizado y enmarcado y enviado a tu casa. Una vez allí, podrás hacer contigo lo que quieras -cruzando la estancia tocó la campanilla para pedir té-. ¿Tomarás té, como es lógico, Dorian? ¿Y tú también, Harry? ¿O estás en contra de placeres tan sencillos?
-Adoro los placeres sencillos -dijo lord Henry-. Son el último refugio de las almas complicadas. Pero no me gustan las escenas, excepto en el teatro. ¡Qué personas tan absurdas sois los dos! Me pregunto quién definió al hombre como animal racional. Fue la definición más prematura que se ha dado nunca. El hombre es muchas cosas, pero no racional. Y me alegro de ello después de todo: aunque me gustaría que no os pelearais por el cuadro. Será mucho mejor que me lo des a mí, Basil. Este pobre chico no lo quiere en realidad, y yo en cambio sí.
-¡Si se lo das a otra persona, no te lo perdonaré nunca! -exclamó Dorian Gray-; y no permito que nadie me llame pobre chico.
-Ya sabes que el cuadro es tuyo, Dorian. Te lo di antes de que existiera.
-Y también sabe usted, señor Gray, que se ha dejado llevar por los sentimientos y que en realidad no le parece mal que se le recuerde cuán joven es.
-Me hubiera parecido francamente mal esta mañana, lord Henry.
-¡Ah, esta mañana! Ha vivido usted mucho desde entonces.
Se oyó llamar a la puerta, entró el mayordomo con la bandeja del té y la colocó sobre una mesita japonesa. Se oyó un tintineo de tazas y platillos y el silbido de una tetera georgiana. Entró un paje llevando dos fuentes con forma de globo. Dorian Gray se acercó a la mesa y sirvió el té. Los otros dos se acercaron lánguidamente y examinaron lo que había bajo las tapaderas.
-Vayamos esta noche al teatro -propuso lord Henry-. Habrá algo que ver en algún sitio. He quedado para cenar en White's, pero sólo se trata de un viejo amigo, de manera que le puedo mandar un telegrama diciendo que estoy enfermo o que no puedo ir en razón de un compromiso ulterior. Creo que sería una excusa bastante simpática, ya que contaría con la sorpresa de la sinceridad.
-¡Es tan aburrido ponerse de etiqueta! -murmuró Hallward-. Y, cuando ya lo has hecho, ¡se tiene un aspecto tan horroroso!
-Sí -respondió lord Henry distraídamente-, la ropa del siglo XIX es detestable. Tan sombría, tan deprimente. El pecado es el único elemento de color que queda en la vida moderna.
-No deberías decir cosas como ésa delante de Dorian, Harry.
-¿Delante de qué Dorian? ¿El que nos está sirviendo el té o el del cuadro?
-De ninguno de los dos.
-Me gustaría ir al teatro con usted, lord Henry -dijo el muchacho.
-Venga, entonces; y tú también, Basil.
-La verdad es que no puedo. Será mejor que no. Tengo muchísimo trabajo.
-Bien; en ese caso, iremos usted y yo, señor Gray.
-Encantado.
El pintor se mordió el labio y, con la taza en la mano, se acercó al cuadro.
-Me quedaré con el verdadero Dorian -dijo tristemente.
-¿Es ése el verdadero Dorian? -exclamó el original del retrato, acercándose a Hallward-. ¿Soy realmente así? -Sí; exactamente así.
-¡Maravilloso, Basil!
-Tienes al menos el mismo aspecto. Pero él no cambiará -suspiró Hallward-. Eso es algo.
-¡Qué obsesión tienen las personas con la fidelidad! -exclamó lord Henry-. Incluso el amor es simplemente una cuestión de fisiología. No tiene nada que ver con la voluntad. Los jóvenes quieren ser fieles y no lo son; los viejos quieren ser infieles y no pueden: eso es todo lo que cabe decir.
-No vayas esta noche al teatro, Dorian -dijo Hallward-. Quédate a cenar conmigo.
-No puedo, Basil.
-¿Por qué no?
-Porque he prometido a lord Henry Wotton ir con él.
-No mejorará su opinión de ti porque cumplas tus promesas. Él siempre falta a las suyas. Te ruego que no vayas.
Dorian Gray rió y negó con la cabeza.
-Te lo suplico.
El muchacho vaciló y miró hacia lord Henry, que los contemplaba desde la mesita del té con una sonrisa divertida.
-Tengo que ir, Basil -respondió el joven.
-Muy bien -dijo Hallward; y, alejándose, depositó su taza en la bandeja-. Es bastante tarde y, dado que tienes que vestirte, será mejor que no pierdas más tiempo. Hasta la vista, Harry. Hasta la vista, Dorian. Ven pronto a verme. Mañana.
-Desde luego.
-¿No lo olvidarás?
-¡No, claro que no! -exclamó Dorian.
-Y..., ¡Harry!
-¿Sí, Basil?
-Recuerda lo que te pedí cuando estábamos esta mañana en el jardín.
-Lo he olvidado.
-Confío en ti.
-Quisiera poder confiar yo mismo -dijo lord Henry, riendo-. Vamos, señor Gray, mi coche está ahí fuera, le puedo dejar en su casa. Hasta la vista, Basil. Ha sido una tarde interesantísima.
Cuando la puerta se cerró tras ellos el pintor se dejó caer en un sofá y apareció en su rostro una expresión de sufrimiento
Al entrar, vieron a Dorian Gray. Estaba sentado al piano, de espaldas a ellos, pasando las páginas de Las escenas del bosque, de Schumann.
-Tienes que prestármelo, Basil -exclamó-. Quiero aprendérmelas. Son encantadoras.
-Eso depende de cómo poses hoy, Dorian.
-Estoy cansado de posar, y no quiero un retrato de cuerpo entero -respondió el muchacho, volviéndose sobre el taburete del piano con un gesto caprichoso y malhumorado. Al ver a lord Henry, se le colorearon las mejillas por un momento y procedió a levantarse-. Perdóname, Basil, pero no sabía que estuvieras acompañado.
-Te presento a lord Henry Wotton, Dorian, un viejo amigo mío de Oxford. Le estaba diciendo que eres un modelo muy disciplinado, y acabas de echarlo todo a perder.
-Excepto el placer de conocerlo a usted, señor Gray -dijo lord Henry, dando un paso al frente y extendiendo la mano-. Mi tía me ha hablado a menudo de usted. Es uno de sus preferidos y, mucho me temo, también una de sus víctimas.
-En el momento actual estoy en la lista negra de lady Agatha -respondió Dorian con una divertida expresión de remordimiento-. Prometí ir con ella el martes a un club de Whitechapel y lo olvidé por completo. íbamos a tocar juntos un dúo..., más bien tres, según creo. No sé qué dirá. Me da miedo ir a visitarla.
-Yo me encargo de reconciliarlo con ella. Siente verdadera devoción por usted. Y no creo que importara que no fuese. El público pensó probablemente que era un dúo. Cuando tía Agatha se sienta al piano hace ruido suficiente por dos personas.
-Eso es una insidia contra ella y tampoco me deja a mí en muy buen lugar -respondió Dorian, riendo.
Lord Henry se lo quedó mirando. Sí; no había la menor duda de que era extraordinariamente bien parecido, con labios muy rojos debidamente arqueados, ojos azules llenos de franqueza, rubios cabellos rizados. Había algo en su rostro que inspiraba inmediata confianza. Estaba allí presente todo el candor de la juventud, así como toda su pureza apasionada. Se sentía que aquel adolescente no se había dejado manchar por el mundo. No era de extrañar que Basil Hallward sintiera veneración por él.
-Sin duda es usted demasiado encantador para dedicarse a la filantropía, señor Gray -lord Henry se dejó caer en el diván y abrió la pitillera.
El pintor había estado ocupado mezclando colores y preparando los pinceles. Parecía preocupado y, al oír la última observación de lord Henry, lo miró, vaciló un instante y luego dijo:
-Harry, quiero terminar hoy este retrato. ¿Me juzgarás terriblemente descortés si te pido que te vayas?
Lord Henry sonrió y miró a Dorian Gray.
-¿Tengo que marcharme, señor Gray? -preguntó.
-No, por favor, lord Henry. Ya veo que Basil está hoy de mal humor, y no lo soporto cuando se enfurruña. Además, quiero que me explique por qué no debo dedicarme a la filantropía.
-No estoy seguro de que deba decírselo, señor Gray. Se trata de un asunto tan tedioso que habría que hablar en serio de ello. Pero, desde luego, no saldré corriendo después de haberme dicho usted que me quede. ¿No te importa demasiado, verdad Basil? Me has dicho muchas veces que te gusta que tus modelos tengan a alguien con quien charlar.
Hallward se mordió los labios.
-Si Dorian lo desea, claro que te puedes quedar. Los caprichos de Dorian son leyes para todo el mundo, excepto para él.
Lord Henry recogió su sombrero y sus guantes.
-Eres muy insistente, Basil, pero, desgraciadamente, debo irme. Prometí reunirme con una persona en el Orleans. Hasta la vista, señor Gray. Venga a verme alguna tarde a Curzon Street. Casi siempre estoy en casa a las cinco. Escríbame cuando decida ir, sentiría mucho perderme su visita.
-Basil -exclamó Dorian Gray-, si lord Henry Wotton se marcha, me iré yo también. Nunca despegas los labios cuando pintas, y es muy aburrido estar de pie en un estrado y tratar de parecer contento. Pídele que se quede. Insisto.
-Quédate, Harry, para complacer a Dorian y para complacerme a mí -dijo Hallward, sin apartar los ojos del cuadro-. Es muy cierto que nunca hablo cuando estoy trabajando, y tampoco escucho, lo que debe de ser increíblemente tedioso para mis pobres modelos. Te suplico que te quedes.
-¿Y qué va a ser del caballero que me espera en el Orleans?
El pintor se echó a reír.
-No creo que eso sea un problema. Siéntate otra vez, Harry. Y ahora, Dorian, sube al estrado y no te muevas demasiado ni prestes atención a lo que dice lord Henry. Tiene una pésima influencia sobre todos mis amigos, sin otra excepción que yo.
Dorian Gray subió al estrado con el aspecto de un joven mártir griego, e hizo una ligera mueca de descontento dirigida a lord Henry, que le inspiraba ya una gran simpatía. ¡Era tan distinto de Basil! Producían un contraste muy agradable. Y tenía una voz muy bella.
-¿Es cierto que ejerce usted una pésima influencia, lord Henry? -le preguntó al cabo de unos instantes-. ¿Tan mala como dice Basil?
-Las buenas influencias no existen, señor Gray. Toda influencia es inmoral; inmoral desde el punto de vista científico.
-¿Por qué?
-Porque influir en una persona es darle la propia alma. Esa persona deja de pensar sus propias ideas y de arder con sus pasiones. Sus virtudes dejan de ser reales. Sus pecados, si es que los pecados existen, son prestados. Se convierte en eco de la música de otro, en un actor que interpreta un papel que no se ha escrito para él. La finalidad de la vida es el propio desarrollo. Alcanzar la plenitud de la manera más perfecta posible, para eso estamos aquí. En la actualidad las personas se tienen miedo. Han olvidado el mayor de todos los deberes, lo que cada uno se debe a sí mismo. Son caritativos, por supuesto. Dan de comer al hambriento y visten al desnudo. Pero sus almas pasan hambre y ellos mismos están desnudos. Nuestra raza ha dejado de tener valor. Quizá no lo haya tenido nunca. El miedo a la sociedad, que es la base de la moral; el miedo a Dios, que es el secreto de la religión: ésas son las dos cosas que nos gobiernan. Y, sin embargo...
-Vuelve la cabeza un poquito más hacia la derecha, Dorian, como un buen chico -dijo el pintor, enfrascado en su trabajo, sólo consciente de que en el rostro del muchacho había aparecido una expresión completamente nueva.
-Y, sin embargo -continuó lord Henry, con su voz grave y musical, y con el peculiar movimiento de la mano que le era tan característico, y que ya lo distinguía incluso en los días de Eton-, creo que si un hombre viviera su vida de manera total y completa, si diera forma a todo sentimiento, expresión a todo pensamiento, realidad a todo sueño..., creo que el mundo recibiría tal empujón de alegría que olvidaríamos todas las enfermedades del medievalismo y regresaríamos al ideal heleno; puede que incluso a algo más delicado, más rico que el ideal heleno. Pero hasta el más valiente de nosotros tiene miedo de sí mismo. La mutilación del salvaje encuentra su trágica supervivencia en la autorrenuncia que desfigura nuestra vida. Se nos castiga por nuestras negativas. Todos los impulsos que nos esforzamos por estrangular se multiplican en la mente y nos envenenan. Que el cuerpo peque una vez, y se habrá librado de su pecado, porque la acción es un modo de purificación. Después no queda nada, excepto el recuerdo de un placer o la voluptuosidad de un remordimiento. La única manera de librarse de la tentación es ceder ante ella. Si se resiste, el alma enferma, anhelando lo que ella misma se ha prohibido, deseando lo que sus leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal. Se ha dicho que los grandes acontecimientos del mundo suceden en el cerebro. Es también en el cerebro, y sólo en el cerebro, donde se cometen los grandes pecados. Usted, señor Gray, usted mismo, todavía con las rosas rojas de la juventud y las blancas de la infancia, ha tenido pasiones que le han hecho asustarse, pensamientos que le han llenado de terror, sueños y momentos de vigilia cuyo simple recuerdo puede teñirle las mejillas de vergüenza...
-¡Basta! -balbuceó Dorian Gray-; ¡basta! Me desconcierta usted. No sé qué decir. Hay una manera de responderle, pero no la encuentro. No hable. Déjeme pensar. O, más bien, deje que trate de pensar.
Durante cerca de diez minutos siguió allí, inmóvil, los labios abiertos y un brillo extraño en la mirada. Era vagamente consciente de que influencias completamente nuevas actuaban en su interior, aunque, le parecía a él, procedían en realidad de sí mismo. Las pocas palabras que el amigo de Basil le había dicho, palabras lanzadas al azar, sin duda, y caprichosamente paradójicas, habían tocado alguna cuerda secreta, nunca pulsada anteriormente, pero que sentía ahora vibrar y palpitar con peculiares estremecimientos.
La música le afectaba de la misma manera. La música le había conmovido muchas veces. Pero la música no era directamente inteligible. No era un mundo nuevo, sino más bien otro caos creado en nosotros. ¡Palabras! ¡Simples palabras! ¡Qué terribles eran! ¡Qué claras, y qué agudas y crueles! No era posible escapar. Y, sin embargo, ¡qué magia tan sutil había en ellas! Parecían tener la virtud de dar una forma plástica a cosas informes y poseer una música propia tan dulce como la de una viola o de un laúd. ¡Simples palabras! ¿Había algo tan real como las palabras?
Sí; hubo cosas en su infancia que nunca entendió, pero que ahora entendía. La vida, de repente, adquirió a sus ojos un color rojo encendido. Le pareció que había estado caminando sobre fuego. ¿Por qué no lo había sabido antes?
Con una sonrisa sutil lord Henry lo observaba. Sabía cuál era el momento psicológico en el que no había que decir nada. Estaba sumamente interesado. Sorprendido de la impresión producida por sus palabras y, al recordar un libro que había leído a los dieciséis años, un libro que le reveló muchas cosas que antes no sabía, se preguntó si Dorian Gray estaba teniendo una experiencia similar. Él no había hecho más que lanzar una flecha al aire. ¿Había dado en el blanco? ¡Qué fascinante era aquel muchacho!
Hallward pintaba sin descanso con aquellas maravillosas y audaces pinceladas suyas que tenían el verdadero refinamiento y la perfecta delicadeza que, al menos en el arte, proceden únicamente de la fuerza. No había advertido el silencio.
-Basil, me canso de estar de pie -exclamó Gray de repente-. Quiero salir al jardín y sentarme. Aquí el aire es asfixiante.
-Tendrás que perdonarme. Cuando pinto me olvido de todo lo demás. Pero nunca habías posado mejor. Has estado completamente inmóvil. Y he captado el efecto que quería: los labios entreabiertos, y el brillo en los ojos. No sé qué te habrá dicho Harry para conseguir esta expresión maravillosa. Imagino que te halagaba la vanidad. No debes creer una sola palabra de lo que diga.
-Desde luego no me halagaba la vanidad. Tal vez por eso no he creído nada de lo que me ha dicho. -Reconozca que se lo ha creído todo -dijo lord Henry, lanzándole una mirada soñadora y lánguida-. Saldré al jardín con usted. Hace un calor horrible en el estudio. Basil, ofrécenos algo helado para beber, algo que tenga fresas.
-Por supuesto, Harry. Basta con que llames; en cuanto venga Parker le diré lo que quieres. He de trabajar el fondo; me reuniré después con vosotros. No retengas demasiado tiempo a Dorian. Nunca me he sentido tan en forma para pintar como hoy. Va a ser mi obra maestra. Ya lo es, tal como está ahora.
Lord Henry salió al jardín y encontró a Dorian Gray con el rostro hundido en las grandes flores del lilo, bebiendo febrilmente su perfume fresco como si se tratase de vino. Se le acercó y le puso una mano en el hombro.
-Está usted en lo cierto al hacer eso -murmuró-. Nada, excepto los sentidos, puede curar el alma, como tampoco nada, excepto el alma, puede curar los sentidos.
El muchacho se sobresaltó, apartándose. Llevaba la cabeza descubierta, y las hojas del arbusto le habían despeinado, enredando las hebras doradas. Había miedo en sus ojos, como sucede cuándo se despierta a alguien de repente. Le vibraron las aletas de la nariz y algún nervio escondido agitó el rojo de sus labios, haciéndolos temblar.
-Sí -prosiguió lord Henry-; ése es uno de los grandes secretos de la vida: curar el alma por medio de los sentidos, y los sentidos con el alma. Usted es una criatura asombrosa. Sabe más de lo que cree saber, pero menos de lo que quiere.
Dorian Gray frunció el ceño y apartó la cabeza. Le era imposible dejar de mirar con buenos ojos a aquel joven alto y elegante que tenía al lado. Su rostro moreno y romántico y su aire cansado le interesaban. Había algo en su voz, grave y lánguida, absolutamente fascinante. Sus manos blancas, tranquilas, que tenían incluso algo de flores, poseían un curioso encanto. Se movían, cuando lord Henry hablaba, de manera musical, y parecían poseer un lenguaje propio. Pero lord Henry le asustaba, y se avergonzaba de sentir miedo. ¿Cómo era que un extraño le había hecho descubrirse a sí mismo? Conocía a Hallward desde hacía meses, pero la amistad entre ambos no lo había cambiado. De repente, sin embargo, se había cruzado con alguien que parecía descubrirle el misterio de la existencia. Aunque, de todos modos, ¿qué motivo había para sentir miedo? Él no era un colegial ni una muchachita. Era absurdo asustarse.
-Sentémonos a la sombra -dijo lord Henry-. Parker nos ha traído las bebidas, y si se queda usted más tiempo bajo este sol de justicia se le echará a perder la tez y Basil nunca lo volverá a retratar. No debe permitir que el sol lo queme. Sería muy poco favorecedor.
-¿Qué importancia tiene eso? -exclamó Dorian Gray, riendo, mientras se sentaba en un banco al fondo del jardín.
-Toda la importancia del mundo, señor Gray.
-¿Por qué?
-Porque posee usted la más maravillosa juventud, y la juventud es lo más precioso que se puede poseer.
-No lo siento yo así, lord Henry.
-No; no lo siente ahora. Pero algún día, cuando sea viejo y feo y esté lleno de arrugas, cuando los pensamientos le hayan marcado la frente con sus pliegues y la pasión le haya quemado los labios con sus odiosas brasas, lo sentirá, y lo sentirá terriblemente. Ahora, dondequiera que vaya, seduce a todo el mundo. ¿Será siempre así?... Posee usted un rostro extraordinariamente agraciado, señor Gray. No frunza el ceño. Es cierto. Y la belleza es una manifestación de genio; está incluso por encima del genio, puesto que no necesita explicación. Es uno de los grandes dones de la naturaleza, como la luz del sol, o la primavera, o el reflejo en aguas oscuras de esa concha de plata a la que llamamos luna. No admite discusión. Tiene un derecho divino de soberanía. Convierte en príncipes a quienes la poseen. ¿Se sonríe? ¡Ah! Cuando la haya perdido no sonreirá... La gente dice a veces que la belleza es sólo superficial. Tal vez. Pero, al menos, no es tan superficial como el pensamiento. Para mí la belleza es la maravilla de las maravillas. Tan sólo las personas superficiales no juzgan por las apariencias. El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo que no se ve... Sí, señor Gray, los dioses han sido buenos con usted. Pero lo que los dioses dan, también lo quitan, y muy pronto. Sólo dispone de unos pocos años en los que vivir de verdad, perfectamente y con plenitud. Cuando se le acabe la juventud desaparecerá la belleza, y entonces descubrirá de repente que ya no le quedan más triunfos, o habrá de contentarse con unos triunfos insignificantes que el recuerdo de su pasado esplendor hará más amargos que las derrotas. Cada mes que expira lo acerca un poco más a algo terrible. El tiempo tiene celos de usted, y lucha contra sus lirios y sus rosas. Se volverá cetrino, se le hundirán las mejillas y sus ojos perderán el brillo. Sufrirá horriblemente... ¡Ah! Disfrute plenamente de la juventud mientras la posee. No despilfarre el oro de sus días escuchando a gente aburrida, tratando de redimir a los fracasados sin esperanza, ni entregando su vida a los ignorantes, los anodinos y los vulgares. Ésos son los objetivos enfermizos, las falsas ideas de nuestra época. ¡Viva! ¡Viva la vida maravillosa que le pertenece! No deje que nada se pierda. Esté siempre a la busca de nuevas sensaciones. No tenga miedo de nada... Un nuevo hedonismo: eso es lo que nuestro siglo necesita. Usted puede ser su símbolo visible. Dada su personalidad, no hay nada que no pueda hacer. El mundo le pertenece durante una temporada... En el momento en que lo he visto he comprendido que no se daba usted cuenta en absoluto de lo que realmente es, de lo que realmente puede ser. Había en usted tantas cosas que me encantaban que he sentido la necesidad de hablarle un poco de usted. He pensado en la tragedia que sería malgastar lo que posee. Porque su juventud no durará mucho, demasiado poco, a decir verdad. Las flores sencillas del campo se marchitan, pero florecen de nuevo. Las flores del codeso serán tan amarillas el próximo junio como ahora. Dentro de un mes habrá estrellas moradas en las clemátides y, año tras año, la verde noche de sus hojas sostendrá sus flores moradas. Pero nosotros nunca recuperamos nuestra juventud. El pulso alegre que late en nosotros cuando tenemos veinte años se vuelve perezoso con el paso del tiempo. Nos fallan las extremidades, nuestros sentidos se deterioran. Nos convertimos en espantosas marionetas, obsesionados por el recuerdo de las pasiones que nos asustaron en demasía, y el de las exquisitas tentaciones a las que no tuvimos el valor de sucumbir. ¡Juventud! ¡Juventud! ¡No hay absolutamente nada en el mundo excepto la juventud!
Dorian Gray escuchaba, los ojos muy abiertos, asombrado. El ramillete de lilas se le cayó al suelo. Una sedosa abeja zumbó a su alrededor por un instante. Luego empezó a trepar con dificultad por los globos estrellados de cada flor. Dorian Gray la observó con el extraño interés por las cosas triviales que tratamos de fomentar cuando las más importantes nos asustan, o cuando nos embarga alguna nueva emoción que no sabemos expresar, o cuando alguna idea que nos aterra pone repentino sitio a la mente y exige nuestra rendición. Al cabo de algún tiempo la abeja alzó el vuelo. Dorian Gray la vio introducirse en la campanilla de una enredadera. La flor pareció estremecerse y luego se balanceó suavemente hacia adelante y hacia atrás.
De repente, el pintor apareció en la puerta del estudio y, con gestos bruscos, les indicó que entraran en la casa. Dorian Gray y lord Henry se miraron y sonrieron.
-Estoy esperando -exclamó Hallward-. Vengan, por favor. La luz es perfecta; tráiganse los vasos.
Se levantaron y recorrieron juntos la senda. Dos mariposas verdes y blancas se cruzaron con ellos y, en el peral que ocupaba una esquina del jardín, un mirlo empezó a cantar.
-Se alegra de haberme conocido, señor Gray-dijo lord Henry, mirándolo.
-Sí, ahora sí. Me pregunto si me alegraré siempre.
-¡Siempre! Terrible palabra. Hace que me estremezca cuando la oigo. Las mujeres son tan aficionadas a usarla. Echan a perder todas las historias de amor intentando que duren para siempre. Es, además, una palabra sin sentido. La única diferencia entre un capricho y una pasión para toda la vida es que el capricho dura un poco más.
Al entrar en el estudio, Dorian Gray puso una mano en el brazo de lord Henry.
-En ese caso, que nuestra amistad sea un capricho -murmuró, ruborizándose ante su propia audacia; luego subió al estrado y volvió a posar.
Lord Henry se dejó caer en un gran sillón de mimbre y lo contempló. El roce del pincel sobre el lienzo era el único ruido que turbaba la quietud, excepto cuando, de tarde en tarde, Hallward retrocedía para examinar su obra desde más lejos. En los rayos oblicuos que penetraban por la puerta abierta, el polvo danzaba, convertido en oro. El intenso perfume de las rosas parecía envolverlo todo.
Al cabo de un cuarto de hora Hallward dejó de pintar, miró durante un buen rato a Dorian Gray, y luego durante otro buen rato al cuadro mientras mordía el extremo de uno de sus grandes pinceles y fruncía el ceño.
-Está terminado -exclamó por fin; agachándose, firmó con grandes trazos rojos en la esquina izquierda del lienzo.
Lord Henry se acercó a examinar el retrato. Era, sin duda, una espléndida obra de arte, y el parecido era excelente.
-Mi querido amigo -dijo-, te felicito de todo corazón. Es el mejor retrato de nuestra época. Señor Gray, venga a comprobarlo usted mismo.
El muchacho se sobresaltó, como despertando de un sueño.
-¿Realmente acabado? -murmuró, bajando del estrado.
-Totalmente -dijo el pintor-. Y hoy has posado mejor que nunca. Te estoy muy agradecido.
-Eso me lo debes enteramente a mí -intervino lord Henry-. ¿No es así, señor Gray?
Dorian, sin responder, avanzó con lentitud de espaldas al cuadro y luego se volvió hacia él. Al verlo retrocedió, las mejillas encendidas de placer por un momento. Un brillo de alegría se le encendió en los ojos, como si se reconociese por vez primera. Permaneció inmóvil y maravillado, consciente apenas de que Hallward hablaba con él y sin captar el significado de sus palabras. La conciencia de su propia belleza lo asaltó como una revelación. Era la primera vez. Los cumplidos de Basil Hallward le habían parecido hasta entonces simples exageraciones agradables, producto de la amistad. Los escuchaba, se reía con ellos y los olvidaba. No influían sobre él. Luego se había presentado lord Henry Wotton con su extraño panegírico sobre la juventud, su terrible advertencia sobre su brevedad. Aquello le había conmovido y, ahora, mientras miraba fijamente la imagen de su belleza, con una claridad fulgurante captó toda la verdad. Sí, en un día no muy lejano su rostro se arrugaría y marchitaría, sus ojos perderían color y brillo, la armonía de su figura se quebraría. Desaparecería el rojo escarlata de sus labios y el oro de sus cabellos. La vida que había de formarle al alma le deformaría el cuerpo. Se convertiría en un ser horrible, odioso, grotesco. Al pensar en ello, un dolor muy agudo lo atravesó como un cuchillo, e hizo que se estremecieran todas las fibras de su ser. El azul de sus ojos se oscureció con un velo de lágrimas. Sintió que una mano de hielo se le había posado sobre el corazón.
-¿No te gusta? -exclamó finalmente Hallward, un tanto dolido por el silencio del muchacho, sin entender su significado.
-Claro que le gusta -dijo lord Henry-. ¿A quién podría no gustarle? Es una de las grandes obras del arte moderno. Te daré por él lo que quieras pedirme. Debe ser mío.
-No soy yo su dueño, Harry.
-¿Quién es el propietario?
-Dorian, por supuesto -respondió el pintor.
-Es muy afortunado.
-¡Qué triste resulta! -murmuró Dorian Gray, los ojos todavía fijos en el retrato-. Me haré viejo, horrible, espantoso. Pero este cuadro siempre será joven. Nunca dejará atrás este día de junio... ¡Si fuese al revés! ¡Si yo me conservase siempre joven y el retrato envejeciera! Daría..., ¡daría cualquier cosa por eso! ¡Daría el alma!
-No creo que te gustara mucho esa solución, Basil -exclamó lord Henry, riendo-. Sería bastante inclemente con tu obra.
-Me opondría con la mayor energía posible, Harry -dijo Hallward.
Dorian Gray se volvió para mirarlo.
-Estoy seguro de que lo harías. Tu arte te importa más que los amigos. Para ti no soy más que una figurilla de bronce. Ni siquiera eso, me atrevería a decir.
El pintor se lo quedó mirando, asombrado. Dorian no hablaba nunca así. ¿Qué había sucedido? Parecía muy enfadado. Tenía el rostro encendido y le ardían las mejillas.
-Sí -continuó el joven-: para ti soy menos que tu Hermes de marfil o tu fauno de plata. Ésos te gustarán siempre. ¿Hasta cuándo te gustaré yo? Hasta que me salga la primera arruga. Ahora ya sé que cuando se pierde la belleza, mucha o poca, se pierde todo. Tu cuadro me lo ha enseñado. Lord Henry Wotton tiene razón. La juventud es lo único que merece la pena. Cuando descubra que envejezco, me mataré.
Hallward palideció y le tomó la mano.
-¡Dorian! ¡Dorian! -exclamó-, no hables así. Nunca he tenido un amigo como tú, ni tendré nunca otro. No me digas que sientes celos de las cosas materiales. ¡Tú estás por encima de todas ellas!
-Tengo celos de todo aquello cuya belleza no muere. Tengo celos de mi retrato. ¿Por qué ha de conservar lo que yo voy a perder? Cada momento que pasa me quita algo para dárselo a él. ¡Ah, si fuese al revés! ¡Si el cuadro pudiera cambiar y ser yo siempre como ahora! ¿Para qué lo has pintado? Se burlará de mí algún día, ¡se burlará despiadadamente!
Los ojos se le llenaron de lágrimas ardientes; retiró bruscamente la mano y, arrojándose sobre el diván, enterró el rostro entre los cojines, como si estuviera rezando.
-Esto es obra tuya, Harry -dijo el pintor con amargura.
Lord Henry se encogió de hombros.
-Es el verdadero Dorian Gray, eso es todo.
-No lo es.
-Si no lo es, ¿qué tengo yo que ver con eso?
-Deberías haberte marchado cuando te lo pedí -murmuró.
-Me quedé cuando me lo pediste -fue la respuesta de lord Henry.
-Harry, no me puedo pelear al mismo tiempo con mis dos mejores amigos, pero entre los dos me habéis hecho odiar la más perfecta de mis obras, y voy a destruirla. ¿Qué es, después de todo, excepto lienzo y color? No voy a permitir que un retrato se interponga entre nosotros.
Dorian Gray alzó la rubia cabeza del cojín y, con el rostro pálido y los ojos enrojecidos por las lágrimas lo miró, mientras Hallward se dirigía hacia la mesa de madera situada bajo la alta ventana con cortinas. ¿Qué había ido a hacer allí? Los dedos se perdían entre el revoltijo de tubos de estaño y pinceles secos, buscando algo. Sí, el largo cuchillo apaletado, con su delgada hoja de acero flexible. . Una vez encontrado, se disponía a rasgar la tela. Ahogando un gemido, el muchacho saltó del diván y, corriendo hacia Hallward, le arrancó el cuchillo de la mano, arrojándolo al otro extremo del estudio.
-¡No, Basil, no lo hagas! -exclamó-. ¡Sería un asesinato! -Me alegro de que por fin aprecies mi obra, Dorian -dijo fríamente el pintor, una vez recuperado de la sorpresa-. Había perdido la esperanza.
-¿Apreciarla? Me fascina. Es parte de mí mismo. Lo noto.
-Bien; tan pronto como estés seco, serás barnizado y enmarcado y enviado a tu casa. Una vez allí, podrás hacer contigo lo que quieras -cruzando la estancia tocó la campanilla para pedir té-. ¿Tomarás té, como es lógico, Dorian? ¿Y tú también, Harry? ¿O estás en contra de placeres tan sencillos?
-Adoro los placeres sencillos -dijo lord Henry-. Son el último refugio de las almas complicadas. Pero no me gustan las escenas, excepto en el teatro. ¡Qué personas tan absurdas sois los dos! Me pregunto quién definió al hombre como animal racional. Fue la definición más prematura que se ha dado nunca. El hombre es muchas cosas, pero no racional. Y me alegro de ello después de todo: aunque me gustaría que no os pelearais por el cuadro. Será mucho mejor que me lo des a mí, Basil. Este pobre chico no lo quiere en realidad, y yo en cambio sí.
-¡Si se lo das a otra persona, no te lo perdonaré nunca! -exclamó Dorian Gray-; y no permito que nadie me llame pobre chico.
-Ya sabes que el cuadro es tuyo, Dorian. Te lo di antes de que existiera.
-Y también sabe usted, señor Gray, que se ha dejado llevar por los sentimientos y que en realidad no le parece mal que se le recuerde cuán joven es.
-Me hubiera parecido francamente mal esta mañana, lord Henry.
-¡Ah, esta mañana! Ha vivido usted mucho desde entonces.
Se oyó llamar a la puerta, entró el mayordomo con la bandeja del té y la colocó sobre una mesita japonesa. Se oyó un tintineo de tazas y platillos y el silbido de una tetera georgiana. Entró un paje llevando dos fuentes con forma de globo. Dorian Gray se acercó a la mesa y sirvió el té. Los otros dos se acercaron lánguidamente y examinaron lo que había bajo las tapaderas.
-Vayamos esta noche al teatro -propuso lord Henry-. Habrá algo que ver en algún sitio. He quedado para cenar en White's, pero sólo se trata de un viejo amigo, de manera que le puedo mandar un telegrama diciendo que estoy enfermo o que no puedo ir en razón de un compromiso ulterior. Creo que sería una excusa bastante simpática, ya que contaría con la sorpresa de la sinceridad.
-¡Es tan aburrido ponerse de etiqueta! -murmuró Hallward-. Y, cuando ya lo has hecho, ¡se tiene un aspecto tan horroroso!
-Sí -respondió lord Henry distraídamente-, la ropa del siglo XIX es detestable. Tan sombría, tan deprimente. El pecado es el único elemento de color que queda en la vida moderna.
-No deberías decir cosas como ésa delante de Dorian, Harry.
-¿Delante de qué Dorian? ¿El que nos está sirviendo el té o el del cuadro?
-De ninguno de los dos.
-Me gustaría ir al teatro con usted, lord Henry -dijo el muchacho.
-Venga, entonces; y tú también, Basil.
-La verdad es que no puedo. Será mejor que no. Tengo muchísimo trabajo.
-Bien; en ese caso, iremos usted y yo, señor Gray.
-Encantado.
El pintor se mordió el labio y, con la taza en la mano, se acercó al cuadro.
-Me quedaré con el verdadero Dorian -dijo tristemente.
-¿Es ése el verdadero Dorian? -exclamó el original del retrato, acercándose a Hallward-. ¿Soy realmente así? -Sí; exactamente así.
-¡Maravilloso, Basil!
-Tienes al menos el mismo aspecto. Pero él no cambiará -suspiró Hallward-. Eso es algo.
-¡Qué obsesión tienen las personas con la fidelidad! -exclamó lord Henry-. Incluso el amor es simplemente una cuestión de fisiología. No tiene nada que ver con la voluntad. Los jóvenes quieren ser fieles y no lo son; los viejos quieren ser infieles y no pueden: eso es todo lo que cabe decir.
-No vayas esta noche al teatro, Dorian -dijo Hallward-. Quédate a cenar conmigo.
-No puedo, Basil.
-¿Por qué no?
-Porque he prometido a lord Henry Wotton ir con él.
-No mejorará su opinión de ti porque cumplas tus promesas. Él siempre falta a las suyas. Te ruego que no vayas.
Dorian Gray rió y negó con la cabeza.
-Te lo suplico.
El muchacho vaciló y miró hacia lord Henry, que los contemplaba desde la mesita del té con una sonrisa divertida.
-Tengo que ir, Basil -respondió el joven.
-Muy bien -dijo Hallward; y, alejándose, depositó su taza en la bandeja-. Es bastante tarde y, dado que tienes que vestirte, será mejor que no pierdas más tiempo. Hasta la vista, Harry. Hasta la vista, Dorian. Ven pronto a verme. Mañana.
-Desde luego.
-¿No lo olvidarás?
-¡No, claro que no! -exclamó Dorian.
-Y..., ¡Harry!
-¿Sí, Basil?
-Recuerda lo que te pedí cuando estábamos esta mañana en el jardín.
-Lo he olvidado.
-Confío en ti.
-Quisiera poder confiar yo mismo -dijo lord Henry, riendo-. Vamos, señor Gray, mi coche está ahí fuera, le puedo dejar en su casa. Hasta la vista, Basil. Ha sido una tarde interesantísima.
Cuando la puerta se cerró tras ellos el pintor se dejó caer en un sofá y apareció en su rostro una expresión de sufrimiento
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